Opinión / Columna
Mi Perspectiva 
José Luis Camarillo 
2 de septiembre de 2008

  No es lo mismo ir a unos Juegos Olímpicos con peleadores de 200 ó 300 peleas cada uno, inclusive con títulos olímpicos o mundiales, que hacerlo con jóvenes con poca experiencia .

La otrora poderosa escuadra boxística cubana sufrió un golpe severo por las deserciones de varios de sus estrellas, y por orgullo dejaron en la isla a Guillermo Rigondeaux -intentó fallidamente una fuga, aprovechando los Juegos Panamericanos de Río, junto con Erislandy Lara-, con lo que renunciaron a un éxito cantado.

Rigondeaux, rey gallo de Sydney 2000 y Atenas 2004, era un tiro seguro para conquistar su tercer oro en Beijing 2008.

Cuba, con una nueva generación, se marchó de China sin medallas de oro, con saldo de cuatro platas y cuatro bronces, para ceder el trono al país anfitrión.

En Atenas 2004, los púgiles antillanos obtuvieron cinco doradas, dos platas y un bronce, y aún así estuvieron por debajo de su desempeño en Barcelona 1992, Atlanta 1996 y Sydney 2000.

Cuba también reinó en Moscú 1980 con seis oros y dos platas.

Los caribeños se marginaron del Mundial de Chicago 2007 para evitar nuevas deserciones, luego de que en los dos últimos años cinco de sus figuras, incluidos cuatro campeones olímpicos, abandonaron el equipo.

Para colmo, Lara, a quien habían marginado del equipo que competiría en China, se les fugó en una lancha rápida que lo trajo a México, para ser llevado a Alemania, donde ya le patrocinan una muy prometedora carrera profesional.

México padece de deserciones cada cuatro años y siempre hay que comenzar de cero. No existe ningún caso de un boxeador mexicano que haya estado en dos ediciones de la magna justa.

Ya se vio que hasta los cubanos sufren cuando no cuentan con sus experimentados astros.

jlcamarillo@esto.com.mx
 
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