Espectáculos
MILES de personas arribaron al Zócalo capitalino para exigir a las autoridades terminar con la impunidad e inseguridad. Foto: Arturo García / ESTO
1 de septiembre de 2008
México Unido Contra la Inseguridad
José Juan Reyes

Miles y miles de personas coincidieron en dos cosas: ser víctimas de la inseguridad y sumarse a la marcha "Iluminemos México", que se realizó el sábado del Ángel de la Independencia, en un recorrido por Paseo de la Reforma, hasta la plancha asfáltica del Zócalo capitalino, punto crucial en el que la gente encendió velas y veladoras blancas en reclamo de la paz.

Entre los famosos del medio artístico que acudieron a la cita estuvieron Adal Ramones, Juan José Origel, Pedro Armendáriz, Manuel Landeta, Carmen Salinas, Lupita Jones, Niurka Marcos, Epigmenio Ibarra, Laura Zapata, Claudia Lizaldi, quienes desde luego llamaron la atención del público.

Pero quien acaparó la atención cuando apareció sobre Avenida Juárez fue Alejandro Martí, el padre del adolescente secuestrado y asesinado por policías hace unas semanas.

La gente lo rodeó y le aplaudió su entereza y le gritó: "¡No estás solo!".

Martí intentó sumarse a la marcha, pero no pudo; se dio cuenta de que su presencia causaba demasiado alboroto, por lo que decidió regresar al hotel de donde había salido.

La marcha continuó, sin consignas partidistas, y en la cual la gente no dejó de sumarse a ella por todas las calles que atravesó, entre ellas Insurgentes, Bucareli, Eje Central y Palma.

Muchos iban en silencio, otros coreaban el nombre de nuestro país con orgullo, con rabia a manera de súplica, de demanda, como un llamado a la unidad.

Cientos de personas, tal vez miles, repartieron volantes con los detalles de su caso, de la violación, el robo o el secuestro que habían sufrido; otros lloraban por la emotividad que el momento propició. Todos dijeron lo mismo: "¡México quiere paz!".

Una vez reunidos en el Zócalo y con las calles que desembocan a la Plaza Central llenas, la gente comenzó a encender las veladoras, a ondear las banderas, la de nuestro país y la blanca de la paz, al tiempo de entonar el Himno Nacional. Cuando terminaron, como si el dios Tláloc lo tuviera previsto, comenzó una fuerte lluvia y todos en completa calma comenzaron a retirarse del Zócalo.

El saldo que las autoridades reportaron fue blanco y una demostración de la unión que se vivió en esta marcha fue que muy pocos comercios del Centro Histórico cerraron sus puertas. Los únicos que hicieron su agosto fueron los comerciantes ambulantes, que ofrecieron desde capas para la lluvia hasta veladoras, fritangas, globos y banderas.

Según el reporte de la Secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federal, poco más de 80,000 personas, mayormente vestidas de blanco.

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