Opinión / Columna
Mi Perspectiva 
José Luis Camarillo 
29 de agosto de 2008

  Óscar de la Hoya se ha enfrentado por lo menos a un gran nombre en las divisiones por las que ha transitado en su rica carrera boxística.

En su prolongada trayectoria, no se le recuerda evitando a algún adversario, hasta muy recientemente, cuando volvió a jugar con la posibilidad de retirarse, y entonces recibió incontables desafíos.

El chiste de este negocio es generar el mayor dinero posible y, si se puede, con el menor riesgo latente.

El combate de De la Hoya contra Floyd Mayweather generó los ingresos más altos en la historia del boxeo, y visto que el Golden Boy ratificó el fuerte rumor de que Manny Pacquiao era su contrincante definitivo para el primer sábado de diciembre, se habla de que ahora las ganancias podrían ser superiores aún.

Mayweather le dio largas a un desquite con De la Hoya, porque siente que, siendo su vencedor, esta vez le correspondía obtener un mayor porcentaje de ganancias o ser objeto de una propuesta multimillonaria. Por eso anunció su adiós al boxeo, algo en lo que muy pocos creen.

Antes de dar a conocer su supuesta retirada, Mayweather incursionó en la lucha libre estadounidense para ejecutar una farsa contra un gigante que pudo haberle quebrado cada hueso de su cuerpo; Floyd pensaba que por esa actuación iba a meterse un mínimo de 20 millones de dólares, pero el asunto no funcionó, y quienes saben de ese negocio afirman que si acaso alcanzó a cobrar un millón de dólares, le fue muy bien.

Solamente así Mayweather se convenció de que está demasiado lejos del arrastre que De la Hoya posee. Porque, con todo y que el encuentro con Pacquiao tenga tintes de circo, y que todo mundo sepa quién va a ganar (si ambos rivales se prodigan en el ring desde el principio), Golden Boy y Top Rank ya manejan cifras increíbles por concepto de ventas en el sistema de pago por evento de televisión.

Por morbo o por lo que usted quiera, De la Hoya vs. Pacquiao genera desde ya un interés inusitado. Muhammad Alí nos tuvo a millones frente a un aparato de TV cuando protagonizó aquella farsa con el luchador japonés Antonio Iñoki que concluyó en empate. Pero Alí estuvo muy lejos de ganar las decenas de millones de dólares que muy probablemente obtendrá Óscar con su show del último mes de 2008.

jlcamarillo@esto.com.mx
 
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