Opinión / Columna
Mi Perspectiva 
José Luis Camarillo 
20 de agosto de 2008

  Marco Antonio Cabezas Escárcega me dijo ayer que "cuando se va un grande, comúnmente se va otra persona con él".

Se refería a la situación que tiene vestido de luto el fisicoconstructivismo de nuestro país, ante el sentido fallecimiento de su hermano Alejandro Cabezas Escárcega.

Alejandro era hijo del muy estimado presidente de la Federación Mexicana de Fisicoconstructivismo y Fitness, Francisco Cabezas Gutiérrez.

El sábado anterior, un fallo cardiaco se llevó a Alejandro, solamente 19 días después de la partida de Carlos Trápaga Barrientos, el inolvidable Director del ESTO, con quien lo ligaba una sincera amistad.

Anteayer, Alejandro hubiese cumplido 36 años de edad.

"Le gustaban todos los deportes, era americanista", expresó Marco Antonio Cabezas, al evocar la alegría que caracterizaba a Alejandro y de la cual pudimos gozar todos aquellos que le conocimos.

Misterios de la vida. Alejandro era el encargado del restaurante Rincón del Paraíso, en el que por años se ha ofrecido la mejor comida-bufet de México. El jueves anterior a su muerte, Alejandro dio la vuelta a la esquina de Circuito Interior con San Cosme para dirigirse a cenar a la pozolería propiedad de su padre.

Ahí, mientras departía con los empleados, dijo repentinamente que iba a morirse, que veía una luz y era su abuelita, doña Virginia Gutiérrez, que lo estaba esperando para cuidarlo. Alejandro había sido el nieto consentido de doña Virginia y desde el domingo sus restos reposan junto a los de ella, en el panteón Jardines del Recuerdo, en Tlalnepantla.

Francisco Cabezas elevó ayer una disculpa pública a sus amigos y gente del medio deportivo en general por no haber podido comunicarles de inmediato sobre el triste acontecimiento.

Alejandro Cabezas Escárcega será recordado siempre por su carácter netamente amistoso que le permitió convivir con grandes personalidades, principalmente relacionadas con el medio deportivo, que concurrían al Rincón del Paraíso, así como con patrulleros, músicos o gruyeros. Él confesaba sentir una especial admiración hacia el doctor Alfonso Morales, "por su sencillez y su espíritu de camaradería".

Descanse en paz este hombre que tenía como sello personal recibir con un abrazo festivo a sus amigos.

jlcamarillo@esto.com.mx
 
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