Opinión / Columna
De toros 
El gatomontés 
Ponciano, torero valeroso, tosco y primitivo
ESTO
7 de agosto de 2008

  A D. José Santos Alonso,

fino amigo y excelente

aficionado.

Estimado amigo:

AGRADEZCO el obsequio de su interesante obra "El Rejoneo, origen, evolución y normas", así como su amable dedicatoria. El contenido del libro es rico, el material fotográfico de primera, pulcramente editado por la Editorial Universitaria Potosina. Los aficionados a la brava fiesta, a la fiesta de la raza, en la modalidad del toreo a caballo, o sea el rejoneo, tanto a la española como a la usanza lusitana, ya cuentan con un excelente material de lectura y, sobre todo, de estudio para poder apreciar y gustar más y mejor el arte de Marialva, escrito "en mexicano" y por un mexicano.

Gentil amigo mío don Pepe, como dijera "El Samurai", nuestro Pedro Vargas. Muy agradecido, muy agradecido y muy agradecido...En mi articulejo de hace ocho decía a Paco Villalón, uno de la media docena de mis lectores, que el auge que el toreo a caballo está teniendo en nuestro país, en gran parte es atribuible al papel que el factor caballo ha desempeñado a lo largo de nuestra historia: chinacos...charros...los aguerridos "pintos" de Tierra Caliente, de don José María Morelos...el popular "Cuatro leguas" del Centauro del Norte...¡y Ponciano, el torero charro de Atenco! Ponciano Díaz, "buena persona aunque pésimo torero (según don Manuel Horta). Como jinete era excelente, y maestro en las lucidas y útiles faenas del jaripeo, muy varonil, muy pintoresco y muy nuestro..." Tan nuestro, pese a los evidentes defectos o errores en que incurría , productos de su época, como nuestro es el deporte nacional o sea la charrería, ¿ verdad, Lic. Eloy Salazar? Y aquí viene a la memoria un canto infantil de la escuela primaria: " Es el charro mexicano, un buen tipo nacional. Nadie como él es garboso ni como él sabe montar...", pero vuelvo al tema: Haciendo una recopilación de notas dispersas , así como evocaciones de viejos aficionados, puede afirmarse que Ponciano Díaz era único, indiscutible y vigoroso en la suerte de banderillear a caballo. El Dr. Carlos Cuesta Baquero, " Roque Solares Tacubac", paisano nuestro, don Pepe, lo vio actuar en San Luis Potosí y afirmaba que Ponciano era un centauro por la habilidad y firmeza sobre la yegua, dramático por el terreno al que entraba. Cuenta el doctor Cuesta que una tarde que lo vio torear colgó en todo lo alto del morrillo tres pares de aretes: uno al cuarteo, midiendo a la perfección con el arranque de la cabalgadura y dos a la media vuelta estrechándose hasta lo increíble. Pie a tierra y con las dos rodillas en ella mandó al toro al desolladero. (Con un bajonazo, suponemos, ya que en tal posición no es de esperarse una estocada en la cruz). Como es sabido, el charro atenqueño tomó la alternativa en la plaza de Madrid (17/X/1889) de manos de "Frascuelo". Asienta don Armando de María y Campos en su libro "Imagen del Mexicano en los Toros" que " Ponciano que había satisfecho sus más caras ambiciones. Dueño de una plaza de toros en la que toreaba cuándo, cómo y lo que le venía en gana, e ídolo de un inmenso partido que veía en su torero, valeroso, tosco y primitivo a México encarnado (...) no creyó que el público, interesado ya en la forma de torear de los españoles , lo olvidara y aún lo repudiara..." Pues así sucedió. La última corrida que toreó fue el 12 de diciembre de 1897. El tlachicotón de Apan (pulque) y el peligroso licor de Tequila fueron la causa de la enfermedad que lo llevó a la tumba.

Y hasta el miércoles próximo, D.M.
 
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