Opinión / Columna
Comentando el boxeo 
Víctor Cota 
¡Gracias Carlos!
ESTO
30 de julio de 2008

  Existen personas que marcan vidas para bien. Uno de ellos, por lo que a mí respecta, fue Carlos Trápaga, alguien de la mayor calidad que he encontrado en mi ya largo peregrinar por los vericuetos del periodismo, y a quien agradeceré por siempre lo bien que me trató.

Él llegó ya al final del camino, pero continuará influyendo por mucho tiempo tanto en nuestro Diario ESTO, como personalmente por sus consejos profesionales, surgidos de una calidad especialísima que lo llevó a la Dirección, en donde se mantuvo durante muchos años.

El buen trato al que me refiero lo pude sentir en aspectos variados, y se inició hace ya buen tiempo, cuando este redactor laboraba en el Diario La Afición, (que fue magnífico mientras lo dirigieron hombres como Fray Nano y Antonio Andere; y posteriormente se fue a pique). Hasta ahí me llegó la invitación de Carlos para que yo fuera a trabajar en ESTO, lo que por circunstancias diversas vino a darse hasta hace algunos años.

El llamado que se me hizo, me llenó de satisfacción, pues no era cualquiera quien me estaba ofreciendo un puesto, que además significaba escribir en el diario que más prestigio ha logrado en el mundo del deporte.

Mi estancia en éste, el periódico deportivo con mayor reconocimiento y venta que existe en español, ha sido como lo hablamos Carlos y un servidor, en aquel imborrable momento en que acepté, en los mejores términos, sin problemas de ningún tipo, entre amigos; y mi columnilla (Comentando el Boxeo), aparece desde entonces tres veces por semana, en una colaboración que se ha convertido en verdadero placer, pues además de hacerla con gusto, tiene el mejor escenario al que puede aspirar cualquiera que se dedique a escribir sobre deportes, y particularmente del espectáculo que ha sido nuestra especialidad.

La influencia, la buena influencia de Carlos Trápaga, continuará -sin duda- sintiéndose por mucho tiempo en el interior del edificio de Guillermo Prieto y Serapio Rendón, pues no fue la clase de director "acartonado" que muchos hemos conocido, sino que además de que conocía profundamente su oficio periodístico, en el que llegó a ser un maestro, siempre respondía como amigo, en todo momento estaba dispuesto a dar buenos consejos en diversos aspectos; en suma, era además del excepcional director que conocimos, un magnífico hombre.

Por eso reitero: ¡Gracias Carlos, y que Dios te bendiga!
 
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