Opinión / Columna
De toros 
El gatomontés 
¡Ojalá y reaparezca un Carmelo redivivo!
ESTO
23 de julio de 2008

  Para Paco Villalón

Querido amigo Villalón:

Algo de lo que el viento se llevó son los saltos del transcuerno, sobre el testuz, de cabeza a rabo, con la garrocha, el cambio de rodillas y otras suertes más que han pasado a la historia, pues el toreo, como todo arte, se ha modernizado. Esas suertes ahora en desuso, ciertamente requerían de habilidad y eran motivo de entretenimiento e hilaridad para los abuelitos y tenían mucho de circo, maroma y teatro.

Era una época en la que las diversiones eran las funciones de títeres, además de las citadas de circo y teatro ya que el cine aún estaba en pañales.

Trataré de describirte, brevemente, esos saltos que mi abuelo Domingo con mis tíos vieron ejecutar a toreros de principios del siglo XX en la Plaza del Montecillo, según me contaban. El llamado "salto del transcuerno", consistía en que el torero debía pasar de un brinco entre las astas del toro, por lo que debía salir a cuerpo limpio con el capote recogido sobre uno de los brazos. Habrás visto, amigo "Villa", alguna pintura o dibujo de Perea en la que aparece esta antigua suerte y que publicaba la revista española "La Lidia".

Otra suerte que el viento se llevó es la del salto sobre el testuz, que ejecutaba el diestro esperando la arrancada del toro a pie firme y en el momento de humillar el astado, ponía un pie en el testuz, e impulsándose por el derrote caer por la cola. Por supuesto que no todos los toros se prestaban para esta clase de machincuepas, pues imagina, "Villita", lo que le podría pasar al torero si se atrevía a hacer esta suerte con un toro burriciego, los astados boyantes eran los más adecuados. "El salto de la garrocha", se veía ejecutar con más frecuencia: salía el torero provisto con una garrocha, agarrada por un extremo, en dirección del toro y al instante de llegar al centro de la suerte, clavaba el diestro la vara (o garrocha) en el piso para, apoyándose en ella, pegar el brinco para caer por la cola del animal. Este salto, sí, como otras suertes antiguas, las vimos ejecutar a un torero ya matador de toros tapatío, creo que el apodado "El Conde", cuando era novillero, con las que lograba arrancar no pocas palmas.

No totalmente llevada por el viento, puesto que todavía se ve (la vemos) practicar aunque no siempre con apego a los cánones, es "el cambio de rodillas", que se ejecutaba al salir el toro por la puerta de los sustos o cuando aún conserva el burel sus facultades. Se debe hacer colocándose el diestro de rodillas en rectitud con el toro (o frente a la puerta del toril), le lama la atención con el capote y al llegar a la jurisdicción, le marca una salida que cambia con ligereza al tomar el engaño. Cuando se sitúa el torero frente al toril se dice que la suerte es "a porta gayola". Esta es una de las suertes más lúcidas y de mucho mérito si se efectúa apegándose a la técnica. La facilitaban los astados que son nobles y boyantes, condiciones que se desconocen cuando la suerte se lleva a cabo a "porta gaiola (o gayola)".

Nos informan, estimado amigo Villalón, que a un tal novillero Pérez se le vieron cosas que desmodorraron el ambiente que ha invadido hasta ahora la Plaza México, el domingo anterior. Ojalá resurja un Carmelo redivivo. ¡Ya era hora!

Y hasta el miércoles próximo, D.M.
 
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