Opinión / Columna
Olimpiónicos 
Héctor Reyes 
A la vista, la Muralla China
ESTO
17 de julio de 2008

  La historia vuelve a escribirse...

El deporte y su dinámica de cada cuatro años representan nuevos rostros, nuevas hazañas, nuevos valores.

Ayer, el presidente de México, Felipe Calderón, abanderó al equipo nacional olímpico, lo mejor que se logró cosechar en un proceso ensombrecido por ataques directivos; una arena dentro de la arena competitiva.

El mandatario liberó de presiones a los deportistas que promedian 23 años, una de las delegaciones más jóvenes de la historia por la cantidad de talento adolescente.

La tiradora de arco Mariana Avitia, de 14 años, se convertirá en la más pequeña de nuestra historia olímpica, al superar a la medallista de México '68, María Teresa Ramírez, que tenía 15 años.

Además podemos citar a Germán Sánchez, de 16 años, en los clavados; las integrantes del relevo 4 por 400 son también juveniles; Karla Dueñas y María Teresa Rugueiro las más pequeñas, quienes recién llegaron del Campeonato Mundial de Polonia.

En esta etapa de transición se abrigan esperanzas y tenemos realidades, pero lo mejor serían gratas sorpresas.

Sólo hay una exigencia o demanda popular: que luchen y no compitan derrotados, porque es ahí donde la crítica se exacerba y despierta un ambiente negativo, que sepulta cualquier esfuerzo.

Los 84 deportistas clasificados ya ganaron por ese simple hecho. Empero, no deben de conformarse; la ambición debe ser otra, tan alta como el mismo universo de los vencedores olímpicos.

Nada es comparable al triunfo, porque es un regalo de los dioses llamados: trabajo y disciplina. Ya es la hora de la verdad, y a disfrutarlo, porque la juventud en términos cronológicos es tan breve como la propia vida, pero la historia de sus hazañas trasciende el tiempo.

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