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Opinión / Columna
Un pugilista más que fallece. Todos se sienten, pero el que se fue más recientemente, Mando Ramos, fue uno de los cuatro grandes ídolos que ha tenido la afición de California en todos los tiempos, lugar que hasta hace unas cuantas décadas, fue de lo más importante que registran los anales del boxeo. Mando infortunadamente perteneció al grupo de peleadores "alegres", lo que acortó considerablemente su carrera y que lo llevó a sufrir derrotas que algunos consideraron inexplicables. Mando estuvo sumido en el mundo de las drogas y el alcohol, lo que superó a base de voluntad y por lo menos los últimos 20 años de su vida, los pasó fuera de todo eso. Ramos, que fue campeón del mundo dos veces entre los pesos ligeros, parecía tener lo necesario para convertirse en uno de los mejores hombres que la división hubiera conocido, pero -insistimos- todo lo perdió por su forma de vida, por la irresponsabilidad que le fue característica en aquellos años en que era un estrella del cuadrilátero. Cuando tenía alrededor de 30 años, sufrió varios ataques al corazón y desde entonces vivió con un "marcapasos" como compañero. El anuncio de su deceso fue "por causas naturales", y suponemos que estuvo relacionado con los infartos mencionados. En sus tiempos de gloria se convirtió pronto en un gran ídolo, especialmente de los californianos del área de Los Ángeles, y pasó a integrarse con otros que fueron también favoritos de la afición, como Enrique Bolaños y Art Aragón a los que en años recientes se agregó Óscar de la Hoya. Como a esa cuarteta, los fanáticos al boxeo en el soleado estado del suroeste estadounidense no han querido a nadie, no se han entusiasmado como lo hicieron con ellos cada vez que saltaron al escenario de combate. Mando Ramos, promovido y dirigido en buena medida por la canadiense Aileen Goldstein LeBell, conocida en el boxeo como Aileen Eaton, conquistó su primer título (CMB y AMB) venciendo al dominicano Teo Cruz por KOT en 11 asaltos y en su segunda defensa perdió la faja contra el panameño Ismael Laguna. Reconquistó la corona al imponerse mediante una decisión dividida en Los Ángeles al español Pedro Carrasco en 1972. Ese mismo año perdió el título, sobre el ring instalado en el Memorial Coliseum angelino frente al guerrerense Erubey Guillén Chupín, a quien se conocía en los cuadriláteros como el "Chango" Carmona. Mando inició su carrera combatiendo en peso pluma allá por 1965 y sus últimos diez encuentros los sostuvo como welter y superwelter. Se retiró en 1975, y ahora ese hombre es historia. |