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Opinión / Columna
En innumerables ocasiones hemos sido testigos presenciales de golpizas en el cuadrilátero sin que el tercer hombre parezca darse cuenta, sin que intervenga en el momento adecuado para detener las acciones, pero en ninguna parte ha sido eso tan seguido ni tan exagerado como en Las Vegas. El pasado sábado una vez más pudimos ver qué tan ineptos son algunos réferis de la ciudad del juego, en este caso, Vic Drakulich, quien actuó en lo que no fue pelea entre Manny Pacquiao y David Díaz; y el otro, el veterano Joe Cortez, que hizo lo propio en el choque entre Humberto Soto y el dominicano Francisco Lorenzo. Y no queremos pasar por alto a Tony Weeks (¿recuerdan cuando actuó -y cómo lo hizo-en aquella espeluznante batalla entre José Luis Castillo y el fallecido Diego Corrales?). Pues bien, el más reciente fin de semana vimos cómo Pacquiao tuvo uno de los entrenamientos mejor pagados de que se tenga memoria, cuando golpeó tremenda y sistemáticamente de principio a fin a David Díaz y nunca, en ningún momento se vio en Drakulich siquiera una ligera intención de detener aquello. El castigo a que fue sometido Díaz, un peleador muy torpe entre las cuerdas, sin la más mínima técnica defensiva, sin que en ningún momento de los nueve asaltos que duró de pie soportando los puños de su rival, se le viera como un ligerísimo peligro para el ídolo filipino, simplemente fue tremendo. En verdad, estuvo en peligro la vida de David Díaz y el réferi no se dio cuenta, como sucedió en lo que hemos rememorado de Castillo-Corrales, en donde intervino el también mencionado Tony Weeks, otro inepto entre los oficiales de la Comisión Atlética de Nevada. No es posible -se piensa, aunque sucede- que dejen la vida de quienes suben al cuadrilátero en manos de gente que no tiene el menor criterio, el conocimiento más elemental de lo que es un oficio tan riesgoso como el boxeo. Muchos rounds antes de que Díaz cayera fuera de combate, debió haber sido detenido el martirio al que fue sometido prácticamente desde la primera campanada. Por otra parte, Joe Cortez, quien fue un excelente réferi, se mostró ya en decadencia física y con un criterio muy pobre en la pelea que sostuvieron Soto y Lorenzo. Estos últimos dieron forma a un encuentro violento, en el que la mejor calidad del mexicano se fue imponiendo a medida que pasaban los rounds, hasta que acabó con su contrario, pero en el momento en que éste se hallaba en la lona, a Soto "se le fue" un golpe en el fragor de la acción y eso fue más que suficiente para que Cortez recomendara su descalificación. Por fortuna, el CMB decidió que aquello fue una decisión desatinada y la batalla anunciada originalmente por el título mundial interino de peso superpluma, finalmente no terminó con la faja en la cintura de ninguno. |
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