Opinión
Gilberto Nieto
Hijos manipuladores

Diario de Xalapa
1 de julio de 2008

La semana pasada llegué a cargar gasolina y mientras el despachador quitaba el tapón del tanque, ambos observamos el automóvil que llegó después, en cuyo interior venía una pareja de la tercera edad y cinco hermosos perritos. Mientras llenaba el tanque, aquel amigo comenzó a decirme que no entendía a las personas que amaban a los animales como si fueran personas. "Tal vez no tuvieron hijos o éstos fueron unos malagradecidos", concluyó. "Yo tengo un hijo que va a cumplir cuatro años y ya no quiere salir con nosotros", continuó. "¡Es culpa de la escuela!".

-¿Por qué dice usted eso? Junto con su esposa lo educaron antes de llevarlo a la escuela, le refuté. ¿Cuántas horas pasa su hijo frente al televisor?

-Casi no ve tele, es un niño aplicado (¿?).

-Entonces dígame cómo se llevan ustedes con él, cuánto tiempo le dedican, de qué platican, cómo lo corrigen...

-Ahora es muy difícil corregirlos -argumentó con cierta amargura-, porque lo podemos frustrar o puede intentar suicidarse. ¡Ya ve cómo son los muchachos de hoy!

Cuando salí de la gasolinera iba con una amarga sensación. ¡Cuánta confusión e ignorancia puede haber en algunos padres! Los pequeños son egoístas en tanto están creciendo, pero bajo el pretexto de "no frustrarlos" o "pueden atentar contra sí mismos", los padres no deben dejarse impresionar ni mucho menos asustar. El problema es que ese niño de menos de cuatro años no logrará el mismo efecto con sus maestros, los vecinos o compañeros de clase, y lo que probablemente consiga es establecer mal sus relaciones sociales y sus formas de convivencia.

La manipulación emocional se da cuando alguien trata de controlar a otra persona a través de chantajes, elogios o manejando culpas. Entre padres e hijos existe siempre cierto nivel de manipulación, generalmente utilizando demostraciones de cariño, regalos, halagos, sobornos y hasta amenazas. El hijo, por medio de gestos, actitudes de enojo y berrinches, doblega con relativa facilidad a sus padres para que le concedan sus caprichos.

El niño manipulador puede provocar discusiones entre los padres cuando alguno de los dos dispone algo y el otro no está de acuerdo. Si discuten fuertemente frente a él le están siguiendo el juego cuando lo más sensato e inteligente es que platiquen y establezcan juntos cómo deben educarlo. Este tipo de problema se recrudece entre padres separados o divorciados.

Los padres que complacen todos los caprichos de su hijo y que ceden ante los enojos y rabietas de éste en lugar de amonestarlo, le están dando una educación muy pobre que probablemente cargará el resto de su vida. Se debe reconocer el derecho de los hijos a molestarse, pero hay que esforzarse en enseñarles a expresar más adecuadamente su enojo y a que toleren la frustración.

Según la psicóloga María Elena Moura ("Niños manipuladores, tiranos de sus padres"), los padres mexicanos están cada vez más conscientes de que una educación rígida puede generar baja autoestima en sus hijos y, por ello, buscan establecer una nueva relación. Persiguen el respeto a las decisiones, gustos y emociones de los infantes y los castigos "memorables" desaparecen paulatinamente, a la vez que frases tan contundentes como "harás todo lo que digo porque soy tu padre" no se escuchan con la misma frecuencia del pasado.

Es meritorio que los padres deseen que sus hijos tengan menos privaciones y gocen de mayor libertad, pero no deben exagerar las libertades que conceden ni caer en el error de no fijar límites, no exigir el cumplimiento de responsabilidades o no llamar la atención en caso de desobediencia.

El resultado de la educación permisiva es, en la mayoría de los casos, un niño impulsivo, propenso a mentir con facilidad, agresivo y rebelde, con tendencias a caer más tarde en el alcoholismo, la drogadicción y la depresión. Conforme crecen manifiestan dificultades para hacer amistad con otros chicos, suelen ser conflictivos en clase e incapaces de asumir responsabilidades, como es el caso de muchos de los niños que asisten actualmente a las escuelas de educación básica (preescolar, primaria y secundaria).

Continúa la psicóloga que "dar libertad de decisión al niño es una medida adecuada para su formación, pero también es indispensable que los padres hagan hincapié en el respeto a las normas de convivencia a la vez que no toleren actitudes de violencia, abuso y caprichos sin sentido. Todos los niños necesitan una guía adecuada para su conducta, y la clave para lograrlo consiste en fijar límites con base en explicaciones coherentes y buen ejemplo".

gnietoa@hotmail.com
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