Opinión
Mi Perspectiva
José Luis Camarillo

ESTO
26 de junio de 2008

Nadie puede culpar a aquellos boxeadores que luego de tocar el cielo con sus puños y de obtener sumas millonarias, regresan a la pobreza y quizá hasta a un estado económico todavía peor al que tenían.

La historia se repetirá una y otra vez.

Las "amistades" que envuelven al boxeador cuando se hace famoso son en la mayoría de los casos las causantes de sus desdichas.

La entrada al corazón de un peleador puede ser muy fácil, ya sea por medio de una cara bonita que le presenten o porque los oportunistas suelen poseer una labia que suena muy bien a los oídos de la presa escogida.

A esos malos "amigos" se suman generalmente dos demonios: el alcohol y las drogas, que llegan a convertirse en el "alimento" indispensable para quien les da cabida en su cuerpo.

Hay quienes, a fuerza de voluntad pero principalmente por tener un motivo en la vida como es el amor a su familia, logran alejarse de las garras de la bestia de los estupefacientes, lo cual no representa tanto problema, sino el mantenerse para siempre libres de esa especie de maldición.

Ricardo "Pajarito" Moreno era como centenares de muchachos que se extraen de los estratos más bajos de nuestra sociedad y que por lógica tienen como meta "bellas mujeres y lujosos carros", lo que indistintamente viene aparejado con los dos demonios mencionados. Él simplemente no pudo con ellos.

Quienes han tocado fondo tras caer en el infierno de las drogas y que se han rehabilitado, reconocen que la bestia es dueña de una paciencia ilimitada, y siempre los está esperando... y acechando.

¿Nombres? Más que sinceros, hay que llamar valientes a quienes reconocen su error y luchan por permanecer en el mundo de los sobrios.

Los vicios no respetan grandezas. Por eso Rubén Olivares, Alfonso Zamora, Carlos Zárate y JC Chávez, por mencionar sólo los más conocidos que hasta ahora van arriba a los puntos en sus batallas contra esos flagelos, son también campeones de la vida.

jlcamarillo@esto.com
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