Opinión
Mi Perspectiva
José Luis Camarillo

ESTO
21 de junio de 2008

El sábado anterior comenté en este mismo espacio que una mente maquiavélica influyó para que apareciese en Notifight una ácida crítica contra el campeón mundial minimosca Édgar Sosa, en la víspera de su pelea contra el japonés Takashi Kunishige, en la que minimizaban esa defensa suya y señalaban que "la pelea buena" de "Batalla en la Capital" sería la de Omar Niño contra el filipino Juanito Rubillar.

El motivo de ese libelo era tratar de influir en el público y en el gobernador de Baja California Sur para hacerles creer que la peleíta de segunda división que iban a tener esa misma noche en La Paz era por un real título del mundo.

En dicha ocasión hice notar que no puede ser mundial un cetro como el de la FIB que no es reconocido en Japón, de donde procedía el retador de Sosa. No es necesario comparar el resultado de las transmisiones televisivas desde el Palacio de los Deportes -la cual todo mundo comenta todavía- y desde La Paz.

El abogado Iván Romero, quien asistió el jueves al Root's de esta capital para presenciar la velada que encabezó el pleito entre Abraham "Marvin" Rodríguez y José Rodríguez, por el fajín superpluma de la Fecarbox, me comentaba que tuvo oportunidad de ver en su hogar de Acapulco la transmisión boxística que el Canal de Chapultepec hizo el sábado de la semana pasada.

"La pelea de Sosa contra Kunishige fue mucho mejor de lo que esperábamos; la de La Paz fue aburridísima y ese muchacho que declararon nuevo campeón lanzaba sus golpes en forma muy defectuosa y hasta lo tumbaron en el último round. Ahora sí que 'se la aplicaron' a su rival de Filipinas, porque cuando los mexicanos van a Oriente tienen que noquear para ganar", señaló el licenciado Romero.

No deseo dejar de reiterar que tengo base para decir que la FIB, organismo que avaló la peleíta de La Paz, se hizo famosa por un tremendo fraude al suplantar a un contendiente en una función en Corea del Sur, a la cual asistió el presidente de aquel país, y que concluyó con distintas penas de cárcel para los involucrados.

Como señalé en aquella columna sabatina, a toda acción corresponde una reacción. El tiempo pone a cada quien en su lugar.

jlcamarillo@esto.com.mx
Columnas anteriores
Columnas

Cartones