Opinión
ESTO...cadas
Don Volapie

ESTO
20 de junio de 2008

EN EL HOYO.- Octavio García "El Payo" se fue por derecho y sepultó la espada en el mero hoyo de las agujas, tras la soberbia faena que realizó en la plaza de Las Ventas, de Madrid, que registró un lleno a toda su capacidad y que pudo haber firmado la figura más reconocida del mundo taurino. El rubio novillero mexicano lo único que hizo fue confirmar su alta capacidad torera, que ya había puesto sobre la plaza venteña, aquella tarde en que cortó una oreja y que se le cerró la puerta grande al pinchar a su segundo enemigo. El pasado 19 de mayo, dentro de la famosa feria de San Isidro, la estampa del coleta queretano captó la atención de los aficionados madrileños, al aparecer por la puerta de cuadrillas, luciendo un elegante terno obispo y oro, por su presencia y prestancia, proyectando su percha de torero caro, que no se pudo soslayar de ninguna forma. Serio, erguido, con el capote de paseo debidamente liado y la montera bien puesta, sumergida hasta las cejas, inició el despeje de cuadrillas junto a sus alternantes. Pisando firme y con la mirada desafiante, dueño de sí, confiado y seguro de sus alcances. Luego del paseíllo, los tres alternantes recibieron la bienvenida en el tercio e inició lo que sería una gran tarde para "El Payo", que en el argot gitano quiere decir que no es de su raza, que es diferente, y así lo demostró. Fue diferente a sus alternantes en toda la extensión de la palabra. Se le hacia tarde a Octavio para demostrar su valía y ni tardo ni perezoso fue al novillo del primer espada, para hacer el quite que le correspondía para arrancar la primera gran ovación de la tarde al torear por limpias, aterciopeladas y cadenciosas tafalleras, encaminándose al burladero de matadores como diciendo "esa es la prueba". Por la puerta de toriles salió Abejorro, de la ganadería La Quinta, y ahí se inició la pieza torera de Octavio, que encandiló a los presentes, incluyendo a los del tendido 7, que no pusieron ningún pero a la labor del diestro mexicano, y al contrario, lo apoyaron y alentaron al recetarle una serie de verónicas cargando la suerte y moviendo rítmicamente los brazos para más ovaciones al canto. Tras la suerte de varas, "El Payo", gallardamente se echó el capote a la espalda para ejecutar en su quite las gaoneras, marcando bien los trazos y ajustándose a más no poder y arrancar los gritos festivos de los concurrentes que se regocijaban por lo que estaban viendo. Con la muleta en la diestra, el rubio torero empezó a cincelar su obra maestra con muletazos por la espalda sin moverse, enraizado en la arena y seguir por ayudados y naturales largos y templados con el de pecho, de remate ante el contento general. Pases sueltos por la cara, de trinchera para preparar a bien morir al novillo. Vino el desencanto al señalar el primer pinchazo, que le aplaudieron por ser en todo lo alto, y luego vino el segundo para cerrar con doble llave la puerta grande, pues perdió las dos orejas que tenía bien ganadas por esa faena reposada, matemática, armónica, con alto grado de arte y temple. Se desgranaron los aplausos en su honor, que no mitigaron el descontento por los pinchazos. Salió su segundo enemigo y al iniciar su toreo de capa para una tafallera, el toro se le venció y le infirió la cornada en el muslo izquierdo, que le impidió recuperar lo perdido. Lo realizado por "El Payo" ahí quedara y será difícil que lo supere otro mexicano.

Un poco tarde, estos comentarios de la actuación de "El Payo", pero difícilmente se podrá olvidar lo que hizo, y ya está puesto para seguir en la lucha y ahora sí para hacer efectivas las ESTO... cadas.

donvolapie@esto.com.mx
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