Opinión
Mi Perspectiva
José Luis Camarillo

ESTO
17 de junio de 2008

¿Pues cuántos promotores tiene Édgar Sosa?, preguntó ayer por la vía telefónica un divertido JC Chávez, sorprendido por algún oportunista que sin recato alguno subió al ring la noche del sábado, "para intentar robarse el show y salir en la tele" junto al rey minimosca del Consejo Mundial de Boxeo.

Semejante actitud sólo puede corresponder a una persona ansiosa de publicidad.

Pablo de Antuñano, uno de los causantes del éxito del regreso de las peleas por coronas universales al DF, mostró categoría al adoptar una postura discreta.

En esa velada, todo mundo quería subirse al barco de Sosa, quien ejecutó la mejor obra de su carrera boxística al triturar en ocho asaltos al valeroso japonés Takashi Kunishige, en el acto culminante de la fiesta mexicana que se vivió en el Palacio de los Deportes.

"Felicidades para Sosa, peleó muy bien", añadió el gran campeón mexicano, quien tomó con gracia y simpatía el hecho de que la pelea de Sosa vs. Kunishige, con entrada gratuita, arrojó una asistencia mucho mayor a la que se vivió cuando el mismo JC se presentó contra el argentino Alberto Cortés, en diciembre de 1989 en el Coloso de Cobre de la capital mexicana.

En realidad, correspondía a don José Sulaimán y su hijo Mauricio, estar junto al monarca de los minimoscas, al igual que Jacques Deschamps (el auténtico manager de Sosa) y el ex boxeador olímpico metido a promotor, Fausto Daniel García, quien puso a trabajar horas extras a su personal. Ahí se vio también a Fernando Beltrán, quien mantiene buena relación con Deschamps y ha promovido cuatro de las seis peleas de campeonato universal del muchacho de la colonia Constitución de la República, la penúltima con el apoyo del CMB en León.

En el boxeo abunda la hipocresía y mucho cuidado deberá tener Sosa, sobre todo ahora que camina raudo hacia mejores horizontes económicos. Un punto muy importante es que investigue sobre el historial de los oportunistas que se le acercan sonrientes y que le prometen infinidad de beneficios.

Entre los boxeadores de hoy, muy pocos usan fintas y también son raros los que manejan el jab, como Sosa lo hace. Dicha combinación es letal, y Édgar la complementa con una serenidad que a veces le impide concluir antes sus combates, y una resistencia (mandíbula) extraordinaria. Aparte, su piel es dura, como lo prueba el hecho de que el topetazo accidental que Kunishige le propinó, le dejó un chipote, pero no lo abrió.

Sosa ha progresado enormidades y está convertido en un excelente peleador. Por eso los buitres han apretado el asedio.

jlcamarillo@esto.com.mx
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