Opinión / Columna
Les cuento ESTO del Teatro 
"El Caballo" Rojas 
Ni con la lámpara de Diógenes
ESTO
5 de junio de 2008

  En estos días se lleva a cabo en nuestro teatro político el casting para escoger a los actores políticos que habrán de integrar el reparto de la farsa "En busca del consejero electoral perdido", patrocinada por el IFE (Instituto Federal Electoral para unos, Industria Fraudulenta Electoral para otros).

Un inefable e incorruptible grupo de distinguidos actores y actrices políticos(as) en representación de sus intereses, entiéndase partidos, son los encargados de evaluar las bondades morales y los conocimientos científicos necesarios con que los aspirantes deben contar para desempeñar la difícil tarea de ¡contar votos! Porque está demostrado que cuando se trata de contar votos la ciencia de Pitágoras no aplica, y la cibernética menos. Si de contar votos se trata, uno más uno no son dos. Cada partido político tiene sus propias tablas de sumar, restar, dividir y, sobre todo, multiplicar. Es increíble lo hábiles que son para contar y repartirse los dineros del presupuesto y lo ineptos que son contando votos. Aquellos tiempos en que hasta los muertos votaban se cambiaron cuando fue conveniente por la caída del sistema y más recientemente por fallas en el PREP, apendejamiento en los conteos rápidos y encuestas amañadas, teniéndose que tomar su tiempo hasta que medio les salieron las cuentas y por eso rodó la cabeza del consejero presidente y ahora se busca suplente. Al parecer, lo que menos importa es que el aspirante sepa contar votos, pero resulta indispensable que sepa manejar cuentas y contar cuentos. Podemos dar por hecho que encontrarán quién cubra ese requisito. Lo que sí veo, no difícil, imposible, es que puedan encontrar quiénes tengan los valores morales que deben distinguir a los que ocupen un cargo tan importante como es defender la legalidad en los procesos electorales; y menos cuando son los mismos contendientes quienes designan al árbitro, porque de consejeros ciudadanos nada. Ni usted ni yo somos consultados como ciudadanos para escoger a nuestros consejeros. Los peores exponentes de la legalidad, la honradez, la dignidad y la decencia les exigen a los aspirantes a consejeros, muy bien pagados por cierto, que posean valores tales como la legalidad, la honradez, la dignidad y la decencia. Leyes, ingeniería, medicina, contabilidad y muchas otras carreras se avalan mediante un título, en algunos casos de dudosa procedencia, pero no conozco a nadie que se haya graduado o posea una licenciatura de decente, honrado, digno o legal; y si los hubiera, ¿dónde ejercerían sus carreras? Se sabe que Diógenes inventó una lámpara que se habría de encender solo para iluminar al hombre (a las mujeres ni las pelaban) que poseyera las cualidades que requieren ahora los aspirantes a consejeros ciudadanos, y dice la leyenda que recorrió los continentes europeo, africano y asiático, sin que aquella lámpara encendiera. Llegó a las Américas por el Cono Sur, lo recorrió y nada; pasó por Centroamérica y nada, y al llegar a México fue víctima de la delincuencia organizada y le robaron la lámpara. Como verán, el ridículo espectáculo político que sufrimos no es más que un pésimo montaje en el que los actores y actrices de nuestro medio político buscan concienzudamente a los contadores de votos adecuados para que nos cuenten un cuento adecuado.

Y miren, este viejo dicho alteño viene como anillo al dedo para el caso que nos ocupa: "Para qué te haces el buey si al cabo no das la estampa. Aquí el que inventa la ley también inventa la trampa".

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