Opinión / Columna
De toros 
El gatomontés 
Albores esperanzadores
ESTO
4 de junio de 2008

  "Dichosa juventud que

de su propia angustia

saca poder para engendrar auroras".

José Vasconcelos

Decíamos el miércoles 21 de mayo anterior en esta columna que- no obstante el gris comienzo de la temporada de novilladas de la Plaza México-, mientras exista una juventud amante verdadera de la Fiesta Brava, de ella surgirá esa aurora que la afición espera.

El domingo, los fieles asistentes a las corridas, pudieron apreciar sobre la arena del coso de los Insurgentes destellos esperanzadores de alborada de la que tres jóvenes toreros: "Montoyita", Alfonso "El Pali" y Jorge Adame, con la angustia que provoca su sed de gloria, pero con la entrega apasionada para saciarla, fueron sus autores.

¡ Enhorabuena, toreros, adelante!

Una efeméride "carmelitana", por su importancia que encierra dentro de los anales taurómacos nacionales, traemos hoy a la memoria: el doctorado español recibido un día como hoy ? 4 de junio- del año del Señor de 1931, por el infortunado malogrado diestro de Texcoco, Carmelo Pérez. Con anterioridad había tomado dos alternativas, la primera en la ciudad de Puebla de los Ángeles el 13 de enero de para Carmelo fatídico año de 1929, llevando como padrino al gitano de los ojos verdes, Joaquín Rodríguez "Cagancho", quien le cedió la muerte de un toro de la ganadería de San Nicolás Peralta en presencia de Heriberto García que fungió como testigo, pero doctorado al que luego renunció para seguir actuando como novillero.

En efecto, tal decisión la tomó influenciado por los éxitos que como novillero había obtenido en la temporada anterior. El 3 de noviembre del mismo año (1929), en El Toreo de la Colonia Condesa volvió a recibir la borla doctoral de manos del mismo padrino y con el mismo testigo. El toro de la ceremonia en esta ocasión procedió de la Hacienda de Piedras Negras y se llamó Granado. Quince días después (17 de noviembre), en el mismo coso de La Condesa, el toro Michín, de San Diego de Los Padres, le cogió e hirió gravemente en el muslo izquierdo y en el tórax, salvándose de morir gracias a la pericia de los médicos de plaza, Dr. Javier Ibarra y Dr. Rojo de la Vega. Murió en Madrid (18/X1931) por desoír consejos de los médicos.

"Y no se hubiera muerto- aseguró el Dr. Ibarra - , De la Vega y yo le indicamos que no se fuera a España, hasta que estuviera enteramente bueno (?)?. Necesitaba todavía otra operación. Pero pudo más su irreflexiva decisión y cruzó el charco para presentarse ante los públicos españoles en la única corrida de Toledo. Había permanecido sin torear todo el año 1930, pues había reaparecido en Guadalajara, Jal. (15/II /31). Su última actuación en México fue el domingo siguiente en El Toreo.

Su ansiado doctorado español tuvo lugar en la plaza citada, Toledo, en la fecha arriba indicada. El padrino fue Manuel Jiménez "Chicuelo", al cederle el toro Presidente de nombre, de la ganadería de don Juan Terrones, atestiguando el acto otra primera figura del toreo de todos los tiempos, Domingo Ortega.

Las precipitaciones de los diestros son desaconsejables, lo demuestran los hechos.

Y hasta el miércoles próximo, D.M.

P.D. ¡Suerte y al toro, paisano Fernando Labastida!
 
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