Opinión / Columna
Les cuento ESTO del Teatro 
"El Caballo" Rojas 
Ninón Sevilla
ESTO
29 de mayo de 2008

  Permítanme contarles de un maravilloso encuentro que he tenido ahora que ando haciendo mis pinitos en el género de la telenovela, pues aunque había dirigido, nunca actué. Es una nueva experiencia en mi larga carrera de la que estoy disfrutando en grande, además de volver a ver a queridos y queridas compañeros(as) con las que en algunas ocasiones hemos coincidido y con quienes la paso haciendo recuerdos mientras somos requeridos para trabajar. Poder alternar con nuevos valores me produce la satisfacción de verlos llenos de entusiasmo y gran disposición. ¡Ah!, pero poder conocer a la inconmensurable Ninón Sevilla y platicar retesabroso con ella me emociona en verdad. Estar al lado de una de las mujeres que despertó en mí las primeras inquietudes sexuales cuando la veía en la gran pantalla del cine al que me colaba porque no se permitía la entrada a menores de edad. Y cuidado si se enteraba mi madre de que había ido a ver una película de Ninón, de Amalia Aguilar, María Antonieta Pons, Lilia Prado, Meche Barba y otras que además de la rumba también bailaron calipso, samba, mambo y chachachá, siendo ahora groseramente llamadas y recordadas como las "rumberas", como si la rumba fuera lo único destacable en ellas, que cubrieron toda una época no sólo en el cine de aquel tiempo, también en los teatros de revista que se llenaban noche a noche para admirarlas y aplaudirlas. Ninón Sevilla, la "Aventurera", la "Pecadora", la "Deseada", la espectacular vedette que en sus películas lucía su monumental figura en espectaculares números musicales sigue vigente, activa, jovial, guapachosa como buena cubana y disfrutando de seguir trabajando querida, admirada y respetada por todos. Ninón es la brillante historia viviente del espectáculo musical mexicano. Conversar con esa mítica artista es todo un agasajo, un placer, un regocijo y una oportunidad de "echar la película para atrás", recordando los tiempos en los que aquellas caravanas de la cerveza Corona se presentaban en el viejo cine Reforma, todavía ahí, en la Calzada Madero de mi natal Monterrey, ahora convertido como muchos otros cines en toda la República en iglesias cristianas o estacionamientos. Yo me iba a la parte de atrás del cine, por donde llegaba el autobús del que bajaban los artistas para entrar al escenario, y de volada al primero(a) que bajara le ayudaba con lo que trajera: maletas, guitarras o sombreros de charro y así me colaba para ver la función y estar cerca de los artistas. En una de esas veces, una de las varias estrellas anunciadas era precisamente Ninón Sevilla, nada menos. Ya se imaginarán los días previos a poder conocerla en persona, en vivo, de cerquita. ¡Ah, qué sueños aquellos! Ese día, el esperado día, me fui desde las dos de la tarde a la parte de atrás del Reforma, en la calle Arteaga. En cuanto vi llegar el autobús me coloqué esperando que se abriera la puerta y créanmelo, la primera que bajó fue ella, la estrella que había visto tantas veces en la gran pantalla (porque antes eran grandes pantallas), era Ninón Sevilla. Me pareció más grande que en las películas y nunca he olvidado la hermosa sonrisa con la que se dirigió a mí, diciéndome: "A ver, güerito, échame la mano", y me dio una maletita, bajó y se dirigió a la entrada; yo, detrás de ella y detrás de mí las otras estrellas que trabajarían. Yo no tenía ojos más que para la impresionante belleza de Ninón y más cuando, quitándose una especie de capa que le cubría el cuerpo, se quedó con la ropa con la que saldría a escena. Dijo: "Qué calor hace en tu tierra, muchacho". ¡Ah, bárbara! Qué piernas, largas, blancas; y qué caderas, qué cintura, y qué suerte poder verla como en sus películas, lista para salir a que el público la admirara, pero nunca tan cerca como lo hacía yo, atrás de una pantalla, pues aquellas auténticas estrellas del espectáculo no disponían de camerinos; cuando mucho, sillas, me cuenta Ninón, "para darte una manita de gato mientras esperabas tu turno y en cuanto terminábamos, salir corriendo a la siguiente plaza". Y era verdad, porque en cuanto terminó su actuación ni se despidió, salió volando, la subieron a un coche y hasta Saltillo, Coahuila, donde trabajarían ese mismo día. Espero tener otras pláticas con Ninón para compartir con ustedes los recuerdos y las experiencias de un mito, un símbolo, un ser humano y una mujer protagonista destacada de aquel México al que Ninón Sevilla cautivó con su belleza y talento. Ya les contaré.

Equina reflexión: ¿Estarán preparados para buscar AGUA en tierras profundas?

Este viejo dicho de Los Altos de Jalisco está dedicado a mis paisanos: "Disimulando ser codos reparten de a cigarrillo, y luego los prenden todos con un méndigo cerillo".

Mi correo: albertorojaselcaballo@hotmail.com
 
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