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Opinión / Columna
El cierre de registro para los deportistas mexicanos a los Juegos Olímpicos de Beijing está a punto de concluir ante la jefatura de la delegación. El tiempo hizo su trabajo y las posibilidades de cumplir con las normas de selección se reducen a unos cuantos días. El proceso fue largo, siempre estuvo a la vista con una finalidad: que los candidatos olímpicos supieran, con el tiempo necesario, qué necesitaban para formar parte de la representación tricolor. Lentamente se fue integrando la delegación con gente de experiencia y noveles, de acuerdo a como iban concluyendo los selectivos internacionales, donde hubo decepciones, pero también sorpresas y muy gratas, de chicos que se fajaron y se colgaron de los aros olímpicos, casos concretos como el de Germán Sánchez en clavados, David Mejía en caminata o Maricela Cantú en gimnasia, por mencionar algunos ejemplos. Aunque aún no concluye la integración del representativo, la pregunta constante es ¿cuántas medallas se ganarán? Se podría pensar varias, sobre todo por la inversión de parte del gobierno en los últimos ocho años para el deporte; el presupuesto fue cuantioso en la administración de Nelson Vargas, en CONADE, pero muy mal aprovechado. Dio a manos llenas a unas cuantas personas y el producto de esa inversión será escaso. Regresando al medallero, cuando se habla de metal se piensa inmediatamente en Paola Espinosa, en Éder Sánchez, María Espinosa, tal vez un boxeador, otro de caminata, y cuando alguien se atreve a mencionar a un tirador, se escucha, ¿cómo crees? Lo importante no es saber quiénes son las esperanzas, sino lo que ellos son capaces de lograr en el momento de La Verdad. Es decir, en pleno evento deportivo. Sabemos que muchos tienen pinta de medallistas, pero se necesita mucho más que la figura, el temple y la inspiración divina, como saber cargar la fama, el prestigio en la competencia. Lo decimos porque en ediciones pasadas, se han quedado muchas preseas olímpicas en el camino, en modalidades como vela. Sí, en 1992 teníamos a Mergehentaler, quien vivió en Barcelona y no pudo vencer a los vientos; en pentatlón moderno, en Sydney, Horacio de la Vega pintaba y en la prueba ecuestre se esfumaron las esperanzas y lo mismo sucedió en tiro con arco, en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles. Hubo más que llegaron como luminarias, como divas y no pudieron, así son los juegos. Pero también hubo gente que a la callada llegó y noqueó, caso de Soraya Jiménez en 2000; pocos sabían de sus audacias, de lo que estaba haciendo en entrenamientos; el día de la competencia salió y triunfó, como sucedió con Felipe Muñoz Kapamas, en México 68. Hoy, México tiene gente con grandes atributos, con ese deseo de pasar a la inmortalidad, ¿cuántos? Algunos, pero todos los que conforman la selección gozarán ese sueño olímpico. |