|
Opinión / Columna
Gris comienzo de la chica en la plaza más grande del mundo, la Plaza México, la que da y quita, como bien dice la gente del toro. Lamentablemente. Pero, en tanto vienen mejores tardes -¡que esperamos las haya, pues mientras exista una juventud amante de la verdadera fiesta brava, de ella surgirá esa aurora que la afición espera!- vengan a la memoria los recuerdos de temporadas gloriosas que sirvan de acicate a la torería novel. ¡Sí se puede! Históricamente, la temporada de novilladas de 1929 es considerada la mejor de las efectuadas en el primer tercio del siglo XX según el criterio de los aficionados de "la vieja guardia". Era un tiempo en que el estadio no le ganaba público a la plaza y las temporadas solían constar del doble de corridas de las que hoy se ofrecen y con frecuentes llenos. De la que hablamos fue en la desaparecida plaza de El Toreo de la Colonia Condesa. Veintitantas corridas se celebraron en esa temporada en la que destacaron Carmelo Pérez, en cuya presentación ( el 5 de mayo) se registró un lleno hasta el reloj; Esteban García , Chucho Solórzano, que posteriormente mereció el mote de "Rey del temple" y José González, "Carnicerito". Solórzano fue el triunfador de la temporada y el ganador de la Oreja de Oro. Curiosamente, tres de los diestros destacados fallecieron víctimas de su profesión, como es sabido: Carmelo en Madrid (1931) a consecuencia de la cornada que le pegó " Michín" en la capital mexicana en 1929; Esteban en Morelia y "Carnicerito" en Portugal. Carmelo, hermano de Silverio Pérez y como él, texcocano, fue un diestro que despertó un entusiasmo enorme con acaloradas polémicas y con Esteban García, su rival en los ruedos, formó la pareja de la que se hablaba siempre. Otra temporada interesante, todavía en el coso de la Condesa, fue la de 1943. Decimos interesante por los frutos que de ella se obtuvieron y nos referimos a los frutos artísticos, que de los económicos es capítulo aparte: Dos Luises que surgieron en el firmamento taurino (Procuna, el "Berrendito" de San Juan y el regiomontano "Don Luis de Seda y Oro", Briones ) cosecharon fama y palmas abundantes con el potosino Gregorio García, Jesús Guerra, -Guerrita- y Felipe González, entre otros. La temporada chica con la que completaríamos la tercia de brillantes, tal vez la más importante en nuestra opinión, es la de 1948, ésta ya en el embudo de Insurgentes, la Plaza México, en la que descollaron indiscutiblemente tres novilleros: Rafael Rodríguez, Manuel Capetillo y Jesús Córdoba, que han pasado a los anales taurómacos como " Los Tres Mosqueteros", que no podrían abstenerse de su D´Artagnan, o sea el chaparrito Paco Ortiz, de enorme valor y afición a quien don Juan Aguirre descubrió junto con Jesús Córdoba en una temporada que organizó en "El Rancho del Charro", como preámbulo a la de la Plaza México. Del famoso "Volcán" de Aguascalientes, crisol de buenos toreros, Rafael Rodríguez, así como de sus otros compañeros "mosqueteros", Capetillo , al que un crítico exigente calificó de "el mejor muletero del mundo" y de Chucho Córdoba, mucho papel y tinta se han gastado para describir sus hazañas en los ruedos de aquí y de allá, ¿ para qué agregar más? Basta con lo anterior para afirmar que si ayer, de las temporadas chicas surgieron grandes figuras que ha dado prez a la torería mexicana, también hoy puede ser posible. ¡Suerte y al toro, novilleros! Y hasta el miércoles próximo, D.M. |