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Opinión / Columna
De pronto, en el teatro-político mexicano se dan acontecimientos que resultan estremecedores, sobre todo cuando el protagonista de tal hecho cuente con gran cartel a pesar de su retiro de "la actuación-política", habiendo sido el primerísimo-actor protagónico durante seis años, llegándose a decir dentro del chisme político que trató de extender su temporada y al no lograrlo dio un giro a su actuar político y se dedica a las letras, a enriquecer nuestro acervo cultural, para beneplácito de la intelectualidad mexicana. La reaparición, (y no tembló) de Carlos Salinas de Gortari, tan "oportuna" como "casual", se da en plena época de madres, en medio del alboroto causado por la iniciativa petrolera (que por lo menos puso a trabajar hasta al niño verde) y por el regocijante y vergonzoso resultado de las elecciones internas de los "perrederos". Mediante una bien orquestada promoción mediática se trata de convertir en bestseller del sexenio la última joya literaria de tan destacada pluma, que haciendo alarde de su talento en el manejo de la metáfora y para captar el interés del ávido lector la tituló "La década perdida". ¡'Uta, qué titulazo! ¡Qué derrama de intelecto! Tendría que ser llevada a la pantalla, protagonizada por Harrison Ford, aunque yo le pondría como subtítulo, "O cómo nos llevó la chingada". ¿Hace cuánto que no se promueve con tanto apoyo mediático la obra de un verdadero literato mexicano vivo? ¿Cuál es la aportación que nos brinda el que nos cuente el cuento de quiénes son los culpables de ese "decadicidio"? ¿Qué caso tiene echarle sal a las heridas? ¿Por qué no nos habla el autor de tan importante documento de las otras seis décadas, que tampoco sabemos dónde quedaron? ¿No son ya demasiadas burlas? ¿De veras pensarán que existe algún interesado en leer eso que podría pertenecer al género de la novela de terror-cómico-político? Cómico, porque cómo se han de reír al leerlo, sobre todo, los que junto con el autor se beneficiaron y se siguen beneficiando de la mencionada pérdida de una década. Estaremos pendientes de los próximos acontecimientos que nos depara el teatro político mexicano. Mientras tanto, el autentico teatro mexicano se ve engalanado una vez más con la reaparición (esta sí, esperada) de la bella, la única, la inmensa "Chiquita pero picosa", Verónica Castro. Ese sí es un verdadero acontecimiento y un divertido agasajo. No se la debe perder. Bienvenida, y que sea por largo tiempo. Un sabio dicho que decían los viejos de Los Altos de Jalisco: "De chiquillo anduve a gatas y de mozo fui hombre apuesto, de viejo arrastro las patas y todavía no protesto". Mi correo: albertorojaselcaballo@hotmail.com |