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Opinión / Columna
"Soy como aquel hombre que llevaba consigo un ladrillo, para decirle al mundo cómo había sido su casa". Bertolt Brecht AMÉRICA: ¿POR QUÉ HASTA AHORA? LAS primeras planas y los espacios noticiosos han resultado ser insuficientes para magnificar lo hecho por el América en el Maracaná. Ahora, todos los aficionados al equipo de Televisa están insoportables; se dicen afortunados por tener un equipo así. Han olvidado la pésima campaña que tuvieron. Sí, el bálsamo del triunfo alivia las heridas. Se ha descubierto que los jugadores americanistas y su novel entrenador fueron víctimas de un embrujo: el vudú brasileño, los aires de las playas de Ipanema, los reflejos visuales del hilo dental, la caipiriña, la samba, el exquisito ritmo del bosanova y muchas cosas más, influyeron para transformar radicalmente la actitud y aptitud del cuadro milloneta. Si no es cierto este proceso mágico y embelesador, ¿cómo es posible explicar que el mismo grupo humano que sumó derrotas y evidenció mediocridad, ahora se plante frente al campeón Flamengo y muestre un cambio notable? La otra explicación, menos ligada a una visión extraterrenal, tendría que ver con una deliberada actuación de los jugadores para sabotear al ex técnico Romano, suponiendo que hubiese habido una relación polarizada entre el argentino y su plantel. Pero más allá de cualquier especulación en torno a este sonado triunfo, lo que no puede regatearse es la entrega que la mayoría de los jugadores desarrolló en el histórico Maracaná. Representa un blasón de orgullo y una satisfacción individual, que trasciende la crisis coyuntural que vive el equipo del monopolio televisivo. Como siempre, ahora aparecerán los jilgueros que tratarán de tapar su ineficiencia e ineptitud, y dirán que poco debe cambiar en el plantel americanista. Con ello se reproducirá el viejo discurso que ha permeado al futbol profesional, en donde la mediocridad se nutre de estos triunfos espectaculares para evitar el trabajo paciente, sistemático y de largo aliento entre los niños y jóvenes. Los nuevos directivos americanistas, por lo que se sabe, al igual que los actuales, pueden ser magníficas personas, pero son notablemente ignorantes de un concepto integral de lo que significa el futbol en el entorno social mexicano. No es previsible que los nuevos jerarcas introduzcan cambios drásticos en el funcionamiento de la maquinaria azul-crema. Ya dieron muestras de su impericia al fomentar las especulaciones en torno al nuevo técnico. El horizonte americanista exhibe sus limitaciones y actúa con una lógica diametralmente opuesta al eficientismo que caracteriza a la empresa televisora. ¿Sería bueno saber si el dueño tiene claro el manejo del equipo o se lo deja a sus amigos? "¡Qué nos importa!", reclamará algún yupi. Eso sí. Es su dinero. ATLAS: PREMIO A LA CONSTANCIA Es difícil saber qué le va a pasar en el torneo local y en la Copa Libertadores al equipo atlista; lo que sí es agradecible desde ahora, es el desparpajo y la irreverencia con las que han actuado los chavos y los no tan chavos. Nadie daba un centavo por ellos; es más, eran las Chivas las que estaban "programadas" para combinar triunfos en ambos torneos. Mucho se ayudaría al futbol nacional si se socializaran los métodos de trabajo y de comunicación interpersonal que se desarrollan en el equipo rojinegro. Nadie habla de secretos impublicables. Sólo ejemplifican las dinámicas de una nómina barata y entregada. Hasta se podría aprender algo, sobre todo, quienes creen que con cheques de muchos ceros se obtienen los triunfos. Enhorabuena. ALGO MÁS.- El saldo deportivo y formativo en Pumas es impresentable. Sólo se calificó a la liguilla en dos de los cinco torneos de la gestión del actual presidente. Hubo escasa oportunidad para los jóvenes de la cantera en el primer equipo. En todo su periodo sólo debutaron nueve jugadores. No importa, se obtuvieron buenos recursos económicos. Así se mide a una directiva en el equipo representativo de la máxima casa de estudios. Viva el mundo al revés. pedropenaloza@yahoo.com |