|
Opinión / Columna
¡Bravo, señor Ramón de la Fuente, bravísimo! La semana pasada comenté lo malos "actores y actrices políticos(as) que son los y las mal llamados(as) representantes populares. Con cuanta elegancia y sabiduría les dijo y nos dijo, el lamentable espectáculo en que han convertido el quehacer político de nuestro México. Con admirable dignidad recibió el merecidísimo reconocimiento que le hizo la asamblea legislativa, para luego, con sobrada autoridad moral y más claro que el vital líquido, llamarle "al PAN, pan, al vino, vino" y al PRI y al PRD y a toda la descalificada clase política, la falta de clase que hasta ahora han demostrado con su lamentable y vergonzante proceder. Los calificó de santurrones, saltimbanquis, equilibristas, payasos, trapecistas... No les dijo actores o actrices... Me encantó, me conmovió. Y que conste, reconozco y no me agrada el que también se les está faltando al respeto a los artistas circenses, pero la metáfora a la que recurrió el ex Rector de nuestra máxima casa de estudios, no podía ser más acertada. Si yo les dije que son muy malos "actores y actrices-políticos(as) el señor De la Fuente fue más claro (y más crudo) al decirles en su cara y en su casa y ya habiendo recibido la medalla al mérito ciudadano, haciendo uso de su derecho ciudadano, que han interpretado tan mal su quehacer político, que parecieran cirqueros. Claro que tiene razón el distinguido ex Rector de la UNAM, al comparar con un circo, (y no con un teatro) lo que vivimos y sufrimos en estos tiempos. La circo-política o política circense del gran Circo Legislativo Mexicano, no carece de lo que todo circo debe tener y ofrecer. Payasos, sobran, "Noroñita", el más destacado. La famosísima pareja de "trapecistas", "Bejarano-Padierna". Los insoportables prestidigitadores del PRD, El mejor equilibrista de México, "El gran Beltrones", "Elba Esther, la mujer camaleón", Sin faltar el peligrosísimo acto del domador de fieras, "Peje, el magnífico, el único, el movimiento". No se pierda el duelo ridículo-electoral, que sostienen en el globo o urna de la muerte, los valerosos, "Chucho, el me robaron" y "Encinas, el ya gané". "Las intrépidas Adelitas", sorprenderán. Tiemble y atérrese viendo a terribles fieras matando ganaderos. La trupé de saltimbanquis presentan la farsa, "La guerrilla quiere pactar", en el intermedio y de pura casualidad, la presentación del libro que viene a enriquecer el rico acervo de las letras mexicanas, "La década perdida", descarado y descarnado bodrio escrito por el "humanista" de las grandes orejas, "Charly, de Gortari". La espectacular exhibición de tiro al blanco que nos ofrece, "La delincuencia organizada", desconocidos grupos de expertos ejecutantes de instrumentos mortales. Y en la pista central, como la máxima atracción, "Felipetróleo, el amo de las aguas profundas". Un ciudadano que se ha ganado a pulso una medalla que lo distingue por su valiosa labor al reivindicar y rescatar el prestigio de la Universidad Nacional Autónoma de México, que al llegar a la rectoría, la encontró hecha un verdadero circo y a través de su gestión, la condujo con acierto, llevándola a ocupar un destacado lugar en Iberoamérica, tendría que sentirse orgulloso al ser reconocido por quienes representan dignamente a la ciudadanía y no tener que decirles en su discurso, que debiendo ser de agradecimiento, se tornó en una clara advertencia y un autorizado reproche, por el mal que le están ocasionando a la nación que dicen defender, anteponiendo sus intereses personales y partidistas. Lo triste de todo esto es que tanto don Ramón, como ustedes y yo, sabemos que a ellos, los cirqueros-políticos, les vale madre, como dijo el etílico gobernador jalisciense, que cuenta con la bendición y el beneplácito del cardenal, beneficiario de suculento "donativo", para mentar madres y disponer del dinero del erario, imponiendo su "santa y política voluntad". En los tantos años que he vivido, no había conocido a un político tan lépero y majadero. (Y a mis películas se les sigue censurando con el pinche "BIPPP") Sorprendentemente es de los educados y religiosos próceres panistas. Hay que hacer una iglesia más grande y espectacular que la de la competencia, para llenarla de pobres que les pidan fervorosamente a los mártires cristeros, que el gobernador y el cardenal, se apiaden de ellos. Pero, distinguido señor don Ramón de la Fuente, esa merecida presea le debe llenar de satisfacción, pues aunque le fue entregada por los dizque representantes del pueblo, puede estar seguro que el pueblo, la nación entera, aplaude entusiasta el reconocimiento a un hombre ejemplar y digno como usted. Honor a quien honor merece, ni más ni menos. En los Altos de Jalisco, este dicho era famoso: Dudabas que diera el ancho, pero soy de lo mejor, ora sí violín de rancho, ya te agarró un profesor. Mi correo: albertorojaselcaballo@hotmail.com |