Comunidad y Cultura Local
La heroica defensa del puerto de Veracruz (21 de abril de 1914)
Diario de Xalapa
3 de mayo de 2008

Federico Caraballo* / Diario de Xalapa

Xalapa, Veracruz.- Con el deseo de que no queden en el olvido los actos heroicos de nuestras instituciones militares, y que las nuevas generaciones tengan presentes los hechos históricos como la defensa del puerto de Veracruz el 21 de abril de 1914, es importante hacer del conocimiento del México actual los momentos cruciales de ésta, una de tantas intervenciones estadounidenses a nuestro país.

En ese 1914 existieron personas que dieron su vida para legarnos lo que ahora tenemos y que lamentablemente está siendo muy deteriorado.

Esta es la fecha que registra la historia de la Armada de México como el día en que los cadetes de la Heroica Escuela Naval Militar dieron ejemplo de honor, lealtad, valor y entrega. Dos de ellos, el teniente José Azueta y el cadete Virgilio Uribe, fueron heridos mortalmente por las balas de los marinos estadounidenses que invadían el puerto de Veracruz. Su ofrenda a la patria fue el bautizo de sangre de la heroica institución y de los jóvenes cadetes que por aquellas fechas cursaban la carrera naval.

Todo se inició durante nuestra lucha revolucionaria cuando, en diciembre de 1913, el puerto de Tampico se encontraba guarnecido por soldados federales y era amagado por tropas rebeldes al mando de los generales Pablo González, Luis G. Caballero y Jesús Agustín Castro. Los defensores estaban bajo las órdenes del general Ignacio Morelos Zaragoza, quien contaba entre sus fuerzas a la Flotilla del Golfo, que era comandado por el almirante Gabriel A. Carballo y estaba integrada por los cañoneros "Veracruz" y "Nicolás Bravo", la corbeta "Zaragoza" y el transporte "Progreso"; estos buques prestaban el servicio de transporte de refuerzos y pertrechos.

En abril de 1914 dentro del puerto de Tampico y fuera de él, fondeados en el río Pánuco y sus proximidades, se encontraban barcos de guerra de distintas nacionalidades -de Alemania, Estados Unidos de América, Holanda e Inglaterra- que argumentan estar al pendiente de los intereses de sus países y al cuidado de la seguridad de sus compatriotas radicados en Tampico.

El general Morelos Zaragoza -previniendo su posible golpe de mano de los revolucionarios- ordenó que los barcos extranjeros no atracaran en los muelles, pues temía que se cometiera un atentado en contra de ellos ya que existía el antecedente del ataque a una embarcación no nacional, pero barcos de la Flotilla del Golfo lograron dispensar a los agresores.

Sin embargo, un bajel con bandera española, apoyado por un navío norteamericano, trató de resistirse a la prohibición y el cañonero "Nicolás Bravo" tuvo que conminarlo a detenerse con disparos de cañón.

El 9 de abril el pagador del buque de guerra norteamericano "Dolphin", de apellido Copp, acompañado de varios marinos desembarcó en un puerto del puerto denominado "Iturbide" (un pequeño puente). Al tomar conocimiento de esta acción, el coronel Ramón H. Hinojosa ordenó que dichas personas fueran arrestadas y conducidas con escolta al cuartel del general Morelos Zaragoza. Los norteamericanos protestaron airadamente argumentando que sólo habían desembarcado para comprar efectos que les eran indispensables a bordo, declaraciones que fueron certificadas ya que la detención se llevó a cabo durante las maniobras para cargar víveres y otros menesteres en su lancha.

Datos tomados de fuentes fidedignas refieren lo siguiente en cuanto a la detención de los marinos extranjeros.

"Cuando el coronel Hinojosa llevaba a sus prisioneros rumbo al cuartel del general Morelos Zaragoza, encontró a un oficial de mayor jerarquía que le ordenó regresarlos al muelle y esperar instrucciones superiores.

Al presentarse Hinojosa frente al general Morelos Zaragoza, éste ultimo se percató de que el coronel se encontraba ebrio, por lo que dispuso el arresto inmediato. Procedió luego a abrir la investigación que requería el caso, puso en libertad a los detenidos y se apresuró a ofrecer las disculpas pertinentes al almirante H.T. Mayo, comandante de los barcos estadounidenses, las cuales fueron aceptadas.

Grande fue la sorpresa del general Morelos Zaragoza cuando recibió una nota, en la que se le exigía el desagravio de la ofensa recibida por la bandera de Estados Unidos. En el mensaje se pedía una salva de honor de 21 cañonazos cuando ésta fuera izada.

Morelos Zaragoza dijo en su contestación que estaría de acuerdo con rendir honores al pabellón extranjero, siempre y cuando los barcos norteamericanos también dispararan 21 cañonazos cuando fuera izada la bandera de México.

El almirante Mayo prorrogó su demanda el 11 de abril y pidió instrucciones a su gobierno, del cual en ese entonces era secretario de marina Josenbus Daniels y subsecretario Franklin Delano Roosevelt; éstos consultaron al presidente Woodrow Wilson.

Alrededor del 14 de abril, el presidente Wilson convocó a una conferencia con sus colaboradores más cercanos -los secretarios Bryan, Garrison y Lind-, así como los jefes de estado mayor del ejército y la marina. El secretario Lind sugirió que el crucero "Chester" -al mando del capitán Hoffet- atacara buques mexicanos, asegurando que éstos no podrían defenderse y que el puerto de Tampico estaba incapacitado para protegerlos; a esta idea se contrapuso el almirante Blue, jefe de estado mayor de la armada, quien expuso que probablemente el barco hundido sería el "Chester" ya que en esas aguas se encontraban el cañonero "Nicolás Bravo", la mejor unidad de la marina de guerra de México.

En esa misma reunión se debatió con respecto al barco alemán "Ipiranga", que se encontraba anclado en La Habana con un cargamento de armas destinado al ejército de Huerta y cuyo destino de desembarque era el puerto de Veracruz.

El cónsul de Estados Unidos en Veracruz, William W. Canada, había informado a su gobierno que en pláticas informales, el general Gustavo A. Mass le confesó, ya que eran muy amigos, la ausencia de los efectivos necesarios para defender el puerto, y que en caso de intervención sus fuerzas presentarían ligeros combates y abandonarían la plaza, para evitar la destrucción de la ciudad y evitar la muerte innecesaria de civiles.

A las 2 de la mañana del 21 de abril de 1914, el presidente de Estados Unidos, Woodrow Wilson, fue despertado por una llamada telefónica de secretario de marina, Josephus Daniels. En ella le informaba que el buque "Ipiranga" había zarpado de La Habana, rumbo a Veracruz, con mil trescientas treinta y tres cajas de armamento.

La flota del almirante Fletcher se hallaba en aguas mexicanas frente a Veracruz y recibió el siguiente telegrama: "Washington, D.C. -Abril 21-Fletcher, Veracruz México, apoderarse de la aduana, no permita que los implementos de guerra sean entregados al gobierno de Huerta o a cualquier otra persona.- Daniels".

El general Gustavo A. Mass, comandante general de la plaza de Veracruz, ya tenía elaborados sus planes en caso de que ocurriera el desembarco de los norteamericanos en este lugar. El teniente coronel Albino Rodríguez Cerrillo, al mando de 100 hombres, presentaría un simulacro de resistencia mientras los batallones 18 y 19 del Ejército Federal se desplazaban en dirección a Tejería, dejando a su suerte a la ciudad de Veracruz.

Mass pudo haber organizado la defensa, ya que disponía de los siguientes efectivos: 2 batallones del Ejército Federal; 171 hombres de la prisión de San Juan de Ulúa, bajo el mando del coronel Aurelio Vigil; 3 compañías bien disciplinadas de la Marina de Guerra, que se encontraban en el arsenal y formaban parte de la Escuela de Maestranza y Marinería; 150 elementos de la Escuela Naval Militar; y 400 miembros de la Sociedad de Voluntarios, quienes recibieron adiestramiento militar desde agosto de 1913. Faltaba sumar a los voluntarios de la población civil, dispuestos a la lucha por su patria.

Las fuerzas norteamericanas eran 45 barcos de guerra y diez mil infantes de marina; entre ellos el que luego sería famoso general, Douglas Mac Arthur (en aquella época era oficial). Entre los buques se encontraban los acorazados "Minnesota", "Missouri", "Mississippi" y "Dakota", armados con cañones de 16 pulgadas (406 milímetros); siete cruceros pesados, armados con cañones de 14 pulgadas (255 milímetros); siete cruceros ligeros con montajes dobles o triples, según su clase y tonelaje, con una cadencia de tiro de dos disparos por minutos. Los acorazados podían depositar en tierra 48 toneladas de explosivos, suficientes para abatir cualquier esfuerzo por parte de los defensores.

El martes 21 de abril, sobre las 11:20 horas, los habitantes de Veracruz que se encontraban en los muelles advirtieron que el cañonero "Praire" descendía 11 botes con tropas de infantería de marina que se dirigían al muelle "Porfirio Díaz". No había transcurrido muchos minutos cuando otra porción igual desembarcaba de los barcos "Florida" y "Utah", con destino al mismo punto.

Mientras, la guardia de cadetes de la Escuela Naval Militar -que era relevada a las 12:00 horas- había pasado al comedor a las 11 de la mañana; ya estaban enterados de la posibilidad de un desembarco extranjero. Como a las 11:30 horas llegó un alumno al comedor con la novedad de que el desembarco norteamericano había comenzado.

Al confirmar la información -entre las 11:30 y 12:00 horas- el subdirector del plantel, teniente mayor Angel Corzo, se dirigió a tomar órdenes de la Comandancia Militar de la Plaza, al poco tiempo regresó con la noticia de que el general Mass había salido ya de Veracruz con sus tropas.

Manuel Azueta hizo su aparición en la escuela y desde la entrada lanzó un vibrante "¡Viva México!", que fue contestado con gran entusiasmo por los cadetes que se encontraban en el patio; se dirigió a la oficina del director, capital de navío Rafael Carrión, y tuvo una rápida conferencia con él.

A continuación se ordenó suspender las clases y que los alumnos se formaran; éstos -apremiados y nerviosos- se alistaron frente al comodoro Azueta, que entonces era inspector naval del Golfo, y al director del plantel. El primero les dijo una arenga patriótica y entusiasta; después el primer teniente David Coello y Juan de Dios Bonilla procedieron a proporcionarles armas y municiones en la oficina del detall. En esos momentos hizo su aparición el entusiasta teniente José Azueta (quien hacía pocos días había abandonado la Escuela Naval Militar para pasar al servicio del arma de artillería), mientras se aseguraba al cinto dos pistolas exclamó "Vamos a pelear muy cerquita de ustedes"; fue la última vez que pisó su Alma Mater.

Los infantes norteamericanos, mientras tanto, se habían dirigido a las oficinas del correo y telégrafos, así como el edificio de la aduana; sacaron a todos los empleados que se encontraban laborando y tomaron posesión de los inmuebles.

(Continuará)

*Colaboración espontánea