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Opinión
![]() Mi Perspectiva
José Luis Camarillo
ESTO
29 de abril de 2008
Julito César Chávez ya superó a su papá. No hay la menor duda.
A la altura de su pelea 37, número al que llegó el júnior el reciente sábado, el gran peleador mexicano que conquistó tres cintos del Consejo Mundial de Boxeo en distintas divisiones, andaba acompañado por tres o cuatro personas, lo que ya era mucho, encabezadas por el inolvidable mentor Ramón "Zurdo" Félix. Julito subió al ring de Juriquilla con un verdadero escuadrón (muchos se quedaron abajo), los cuales hacían aspavientos y toda clase de señas al estar junto a él, sabedores de que "estaban saliendo en la tele". El maestro Rómulo Quirarte apenas se veía, atrás de todos ellos. El único que guardaba la compostura era Jorge Kahwagi, quien asistió por invitación especial del César del boxeo. En su anterior salida, en León, Guanajuato, el imbatido muchacho sinaloense traía un séquito de más de 20 personas, que festejaron su criticada actuación contra José Celaya como si hubiese ganado una corona del mundo. En lo boxístico, Julio César Chávez Carrasco mostró otra faz. La imagen más reciente es la que queda en la mente y definitivamente dejó atrás los problemas que pasó para superar a Celaya, originados principalmente por su sacrificio para marcar el peso. Como escribió Alfredo Jaime en su crónica: facultades las hay. Y don Rómulo es el hombre ideal para pulirlas. Solamente falta que Julito cuide más su peso y que trabaje más en el gimnasio. Se insiste en enfrentar al júnior con Héctor "Macho" Camacho II, y aunque el de Culiacán se muestra deseoso de imitar aquel clamoroso triunfo de su padre, habrá que señalar que el heredero del ídolo boricua puede resultar el enemigo más difícil y peligroso que haya tenido. Por su lado, Omar Chávez acabó de confirmar que sin una condición física adecuada, sus virtudes pasan a segundo término. Se entiende que Eduardo Lamazón se sienta presionado por tener a su lado a JC, y por eso le dio el tercer round a Omar, quien en ese lapso fue dominado por el ambicioso Marco Nazareth, contratado prácticamente de emergencia. El mismo sábado me enteré que Televisa transmitiría el célebre combate en el que Sal Sánchez le dio la paliza más grande de un mexicano a un boricua. Mi compañero de Redacción, Nacho Ontiveros, me dijo que prefería la pelea de Salvador. "Qué voy a estar viendo a esos... protegidos", exclamó, al explicar por qué ignoraba la velada de Querétaro. En el boxeo, como en gustos, se rompen géneros... jlcamarillo@esto.com.mx Columnas anteriores
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