Espectáculos
Seguidores le quitan la sed a Javier, con kilos de hielo. Foto: Arturo García/ESTO
20 de abril de 2008
La tumba de Javier Solís, bien regada
Hielo, mucho hielo, para refrescarlo
Alma Rosa Camacho

Aún cumplen su última voluntad. En el 42 aniversario luctuoso de Javier Solís "El rey del bolero ranchero", su tumba luce kilos y kilos de hielo derritiéndose "para calmar su sed", porque en vida pedía:

"Jarra con agua de limón y mucho hielo para tomarla" o que de llegar a morir, rogaba: "No dejen de regar con agua mi sepulcro".

Este mito vivificado y pasado de voz en voz a cuatro generaciones de mexicanos, se llevó ayer al pie de la letra en el panteón Jardín por cientos de seguidores encabezados por el presidente del Club "Amigos de Javier Solís", Juan Bautista.

Luego de distribuir el hielo en la tumba de Solís y apoyándose en una grabadora con sonido distorsionado, interpretaban en coro la vasta obra de Gabriel Siria Levario, desde las primeras horas de ayer sábado.

Ante los arreglos florales y posters de "El rey del bolero ranchero" enclavados en su tumba, aunado a las porras, aplausos y los más representativos boleros rancheros de los 320 que consta su repertorio grabado en vida, en nueve años de trayectoria musical de Solís, como son "Payaso", "Llorarás", "Nobleza", "Las rejas no matan", "Esclavo y amo", "A pesar de todo"; enmarcaron una conmemoración más de la muerte del nacido en el popular barrio de Tacubaya.

La viuda, Blanca Estela Solís, flanqueada por sus hijos Gabriel y Gabriela y la nieta del cantante, Tania, de 21 años; informa a ESTO sobre el deseo que pidiera en vida Javier Solís.

"Esta petición de Javier se ha agrandado a través de los años, porque cuando él fue operado de la vesícula en el hospital, le dijo a su secretario, Miguel Mendoza: 'Si muero, me vas a tirar una jarra con agua de limón con hielo'. Entonces, los primeros años de su partida se cumplió, y a 42 años de distancia, llegan sólo los hielos. Si el pueblo lo hace y es feliz, pues que le sigan cumpliendo este deseo a Javier".

A unos metros de distancia de la tumba, al colocarse un templete cubierto con una lona, autoridades delegacionales de Álvaro Obregón, de manos de la maestra de ceremonias Chela Oehmichen, entregaron a los herederos de Javier Solís, sus hijos Gabriela y Gabriel, así como a su viuda Blanca Estela, un reconocimiento post mórtem, en su 42 aniversario luctuoso.

ANÉCDOTAS

A Javier Solís le gustaba la sopa de fideos y jugar a la pirinola, porque le gustaba "tomar todo". Fue una persona de casa, muy hogareño, que a su hija Gabriela le decía "la gorda".

Asimismo, rememora la viuda Solís: "En vida se sintió atraído por letras alusivas a la muerte, como es 'Si Dios me quita la vida', 'Cenizas' y 'Cuatro cirios'. En esta composición le pide al autor, Federico Baena, verse a sí mismo en su velorio".

"Y en ocasiones -comenta en la entrevista-, platicando, me decía: '¿Sabes quién murió? ¡Javier Solís!' Nos pedía a mí y a sus hijos 'regar con mucha agua mi tumba'".

Y precisa: "Javier, aunque no hablaba del suicidio, sí decía que de llegar a viejo, se iría a esconder a un circo, porque él no quería causar lástima, como en la que cayó el barítono Emilio Tuero, quien al final de sus días aceptaba créditos en películas de cuarto rango, cuando llegó a ser estelar".

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