Opinión
Mi Perspectiva
José Luis Camarillo

ESTO
19 de abril de 2008

Desde la primera vez que observé el programa Shalalá, con Katia D'Artigues (periodista) y Sabina Berman (escritora), me gustó su modo de escuchar a sus invitados, ya que los dejan hablar, sin anteponer otra pregunta cuando el entrevistado se halla a mitad de una respuesta.

Según el portal respectivo en TV Azteca, Shalalá significa: cualquier cosa va. Muy shalalá, con toda libertad.

D´Artigues y Berman reciben en su casa a personas para conversar en plena libertad, sin censura, sin corrección política, sin competencias ideológicas. Con vino y cena, eso sí.

Su lema es: Di lo que quieras y haz lo quieras. Te damos preguntas para entenderte mejor. Lo único que puede irritarnos es la mentira, la simulación.

Ante ellas, JC Chávez habló de cuestiones que hasta hace poco eran consideradas muy íntimas.

"Ya andaba yo mal con las drogas y el alcohol", reveló el César del boxeo, al referirse a las causas de su primera derrota como profesional, después de 90 peleas sin perder. Además, señaló que contra Frankie Randall, su verdugo inicial, "peleé sin condición, aunque él siempre fue un rival complicado; su estilo era para ganarme".

Chávez dijo que le preocupa recaer en el infierno de las adicciones. Y abundó: "No quisiera que mis hijos tuvieran el problema que yo, que pasaran lo que yo pasé; deseo que tengan una gran carrera, que se retiren (del boxeo) a tiempo".

Cuando pasaron en una pantalla las imágenes de su revés contra Grover Wiley, un rival que en sus buenos tiempos no le hubiese servido ni como "sparring", mostró la protuberancia en su mano derecha, la cual tenía quebrada cuando subió al ring. "Me drogué en esa pelea, le perdí el respeto al público", admitió.

Habló en especial de "su padrino José", en quien se apoya ante cualquier tentación luego de pasar medio año "anexado" en un centro de rehabilitación, en Guadalajara. Por ello, disfruta de una nueva vida, "limpio", como él mismo indica, desde noviembre de 2007.

Su condición actual le permite estar al pendiente de sus hijos pugilistas Julio y Omar, "para que no caigan en los excesos, para que no vayan a caer en alguna droga, en el alcohol".

Tales confesiones solamente pueden ser de alguien con los pantalones muy bien puestos. Su experiencia puede ayudar a los demás a erradicar los vicios que hoy más que nunca amenazan a nuestra juventud.

jlcamarillo@esto.com.mx
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