Opinión
Vientos
Jaime Pardo Verdugo
Del artículo 3ro. constitucional (II)

La Voz de la Frontera
17 de abril de 2008

Es indiscutible que aún a pesar de que los diputados constituyentes de izquierda fueron de modestos alcances, lograron, como lo cuenta el historiador Jesús Silva Herzog -que vivió esos días aciagos-, "a que la Constitución del 5 de febrero de 1917 fuera la más avanzada del mundo en la fecha en que fue promulgada. Al principio, la criticaron con severidad y acritud no pocos juristas de la vieja escuela porque trataba de resolver en algunos de sus artículos problemas ingentes de carácter económico y social; mas después ha sido imitada lo mismo en América que en Europa al reorganizar u organizarse otras naciones". ("Breve historia de la Revolución Mexicana". Ed. Fondo de Cultura Económica. II tomo. 1983. Página 306).

De tal documento fundamental puede arrancarse sin hipérbole que los legisladores de 1917 estuvieron en contra de la educación religiosa en forma tajante y radical.

Por supuesto y siguiendo la misma tesitura, en diciembre de 1934, se reformó de nuevo el artículo 3ro. de 1917 estableciéndose la educación socialista, curiosamente en un medio de organización política ajena al socialismo. Y en diciembre de 1945, volvió a cambiar, seguramente bajo la redacción de don Jaime Torres Bodet, secretario a la sazón, de Educación Pública. De todas maneras los sectores más reaccionarios jamás han dejado de protestar, lastrados por sus inclinaciones clericales.

El texto de 1945 es muy extenso. Pero vale decir que fue menos radical que el de 1857 o el de 1917. De todas maneras ha sido un artículo muerto: las corporaciones religiosas han seguido teniendo escuelas confesionales de educación primaria, secundaria y preparatoria y hoy hasta profesional. Y la SEP ha sido siempre un ente sordo y ciego.

Finalmente para esta colaboración, cabe señalar que tal artículo volvió a ser reformado el 5 de marzo de 1993, en otras fracciones y acomodos ad hoc para el clero, el 12 de noviembre de 2002.

En estos cambios (Carlos Salinas y Vicente Fox) abrieron con señalado entusiasmo las puertas para corregir el espíritu liberal de 1917.

La aprobaron los diputados priístas traicionando su cuna en su transición (filtraciones políticas por estupideces partidistas) de revolucionarios a conservadores. Pero seguiremos mañana.

jaimepardoverdugo@yahoo.com.mx

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