Opinión
Mi Perspectiva
José Luis Camarillo

ESTO
15 de abril de 2008

Hay que tener cuidado con entusiasmarse más de la cuenta con una eventual próxima contienda -en proyecto para el 26 de julio- entre el risueño tijuanense Antonio Margarito y el ídolo puertorriqueño Miguel Cotto, en cuanto a las posibilidades de éxito para el nuestro.

El Cotto que vimos a través de la pantalla de TV Azteca el sábado pasado salió a entrenar, por no decir a jugar con el modesto peleador jalisciense Alfonso Gómez, quien traía como principal carta de presentación haber noqueado a un Arturo Gatti que se encontraba en la decadencia total.

Margarito salió a confirmar que merece estar en las grandes peleas de peso welter y no dio punto de reposo al borinqueño Kermit Cintrón, sobre el que ratificó su superioridad, ya que lo había puesto fuera de combate en cinco asaltos en su cita previa.

Margarito conocía los puntos débiles de Cintrón, entre ellos que no aguanta y no sabe evitar el castigo al cuerpo. En cuanto le metió el primer impacto al estómago, Kermit acusó el efecto y en distintas ocasiones pareció que no continuaría tras de ser blanco de esa clase de puñetazo.

Cintrón intentó pelear en largo y ahí también fue alcanzado por la artillería de Margarito. Éste conocía perfectamente el calibre de la pegada de su enemigo y por ello siempre se fue al frente, casi sin precaución alguna, aparte de que ansiaba convencer al público de que está de regreso como una seria amenaza en las 147 libras, luego de que fue frenado por un muy discutible veredicto contra Paul Williams.

Cotto tomó las cosas con demasiada calma porque, de haberlo querido, hubiese destruido a Gómez desde el mismo primer episodio, cuando lo envió al piso con un ganchito a la zona hepática.

El invicto isleño, campeón welter de la Asociación Mundial de Boxeo, consintió en exceso a Gómez. Por eso éste siempre pudo irse al frente e incluso conectar algunos golpes a la cara y al cuerpo del boricua, que sólo apretaba cuando su débil enemigo quería "salírsele del huacal".

Julio César Chávez, en el micrófono del Canal del Ajusco, se enardeció luego de que Cotto derribó a Gómez con un jab a la cara y bailoteó en el ring en la quinta vuelta. "¡Se está burlando!", exclamó el gran JC, cuando en realidad Cotto mostró una faceta desconocida en un tremendo boxeador como él, como fue compadecerse de su maltrecho oponente y dejar en manos del médico de ring la decisión de no permitirle salir para el sexto giro.

La actuación de Cotto puede resultar engañosa, porque no se empleó a fondo como lo hizo en sus riñas con Zab Judah o Shane Mosley.

jlcamarillo@esto.com.mx
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