Barroco
Mujeres queretanas ilustres, su legado
Josefa Vergara. Foto Diario de Querétaro.

Diario de Querétaro
9 de marzo de 2008

Víctor Hugo

Querétaro, Querétaro. En el Panteón de los Queretanos Ilustres se encuetran actualmente veinte nombres cuyos valores cívicos deben ser reconocidos. De los veinte, tres son mujeres: Josefa Ortiz de Domínguez, Josefa Vergara y Esperanza Cabrera. Las tres tuvieron una vida muy distinta pero las caracterizó su amor por los demás y la lucha por tener un mundo mejor,

cuyo legado continúa hasta el día de hoy.

Josefa vergara

María Bárbara Josefa Dominga Vergara y Hernández, fue una mujer que dedicó gran parte su vida al altruismo y al servicio de la gente, nació el 7 de agosto de 1747, en la ciudad de Querétaro, en un ambiente de pobreza y carencias, pero siendo aun muy joven contrajo nupcias con un hombre rico, José Luis Frías, con quien iniciaría su etapa de servicio y caridad hacia los más pobres.

Tras la muerte de su esposo, ella queda como heredera de toda su fortuna y sus propiedades, las cuales puso a la disposición de órdenes religiosas y educativas para su uso. Además, financió gran parte de la infraestructura de la época, fundó el Monte de Piedad y organizo una casa de expósitos.

Murió a la edad de 62 años, el 22 de julio de 1809, no sin dejar antes, un testamento donde plasma sus objetivos altruistas, dejando al ayuntamiento la administración de sus bienes y propiedades, y sus deseos de que siguieran sirviendo para el servicio de los más necesitados. Sus restos se encuentran, hasta nuestros días, en la capilla de la Asunción del templo de la Santa Cruz.

Josefa Ortiz de Domínguez

Uno de los iconos de Querétaro, es sin duda, la figura de Josefa Ortiz de Domínguez, quien a pesar de no ser originaria de aquí, ejerció su legado en nuestro estado, convirtiéndose en una de las grandes heroínas de la historia de México.

María de la Natividad Josefa Ortiz, nació el 8 de septiembre de 1768 en la antigua Valladolid, hoy Morelia. Era hija de padres españoles, Juan José Ortiz y María Manuela Girón, quienes mueren cuando ella era aun pequeña.

Tras la muerte de sus padres, ingresa bajo la tutela de su hermana María Sotero Ortiz, en el Colegio de San Ignacio de Loyola, (Las Vizcaínas), donde aprende a leer y escribir. En 1791 se casa con Miguel Domínguez, quien al tener una buena relación con el virrey Félix Berenguer de Marquina, se convierte en corregidor de Querétaro en 1802.

Mientras tanto, Josefa Ortiz, se dedica al cuidado del hogar y de sus hijos, pero sus inquietudes sociales comenzarían, sintiéndose identificada con los problemas propios de su clase, la criolla, quienes desde las guerras borbónicas, no gozaban de los mismos derechos que el resto de los españoles de nacimiento, asimismo se interesó por las causas indígenas, quienes eran sometidos por los ricos españoles.

Aprovechando su condición de esposa del corregidor, se dedica a las obras de caridad y al apoyo de los indios. Pero fue a partir de la invasión napoleónica en 1808, que decide, junto con su esposo y otro grupo de criollos (entre los que se encuentran Miguel Hidalgo e Ignacio Allende), planear un movimiento donde se luche por la igualdad social, naciendo así las juntas conspiratorias en Querétaro, justo en la casa de los corregidores. Siendo ella uno de las pioneras de lo que sería posteriormente la independencia de nuestro país.

"La corregidora de Querétaro", como se le conoce en nuestro estado, murió el 2 de marzo de 1829, a la edad de 61 años, a causa de pleuresía (inflación de la membrana pulmonar). Sus restos fueron trasladados al panteón de los queretanos ilustres, el 23 de octubre de 1894.

Esperanza Cabrera

Otra de las grandes benefactoras queretanas fue Esperanza Cabrera de Hinojosa, quien dedico gran parte de sus esfuerzos al apoyo de la cultura local. Su pasión por la artes, en especial por la música, la llevaron a convertirse en una de las grandes artistas del Querétaro contemporáneo.

Se graduó del conservatorio, como concertista de piano en 1948, con un gran concierto en el desparecido Teatro Plaza, donde interpretó obras de Scarlatti, Beethoven, Liszt, Chopin y Bach, además de Manuel M. Ponce y Fernando Loyola, quien fue su maestro.

Posteriormente se dedicó a la docencia en el Conservatorio, la cual ejerció de manera gratuita, después ingresaría, por invitación del rector Fernando Díaz Ramírez, como maestra de piano a la escuela de Bellas Artes, la cual recién se adhería a la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ). Su gran capacidad como maestra fue resaltada por sus contemporáneos, como José Guadalupe Ramírez, quien fue rector de la UAQ y Mariano Palacios Alcocer, quien iniciaba su carrera política.

Murió el 24 de diciembre de 1979 de un mal de corazón, fue sepultada en el panteón municipal, pero trasladaron sus restos en 1996 al panteón de los queretanos ilustres. Actualmente el auditorio de Bellas Artes, lleva su nombre.