Comunidad y Cultura Local
Obras de compositores nacionales, con la OSX
Chuy Medina, en ensayo con la OSX. Foto: Diario de Xalapa
Diario de Xalapa
7 de marzo de 2008

Redacción / Diario de Xalapa

Xalapa, Veracruz.- El penúltimo programa de la Primera Temporada 2008 de la Orquesta Sinfónica de Xalapa contiene un listado de obras que se erige como breve muestrario de la creatividad reciente en nuestro país.

Anunciado para hoy a las 20:30 horas en la sala grande del Teatro del Estado, el programa se integra por Calaveras de Eugenio Toussaint, el Concierto para flauta y arpa de Eduardo Angulo, y la Segunda sinfonía (denominada "Las antesalas del sueño") de Federico Ibarra, todo lo cual se complementa con el espectacular poema sinfónico Fiestas romanas de Ottorino Respighi.

Los solistas son Janet Paulus en el arpa y el flautista Miguel Villanueva. La dirección será responsabilidad del joven maestro regiomontano Jesús Medina.

LOS SOLISTAS

Janet Paulus es originaria de Nueva York. Realizó sus estudios en Interlochen, Michigan, y en el Instituto de Música de Cleveland. Tan pronto egresó, vino a nuestro país para ocupar la plaza de arpista principal en la Orquesta Sinfónica del Estado de México y, un poco más adelante, en la Filarmónica de la Ciudad de México.

La continuidad en su carrera se dio desde 1983, cuando regresó a su ciudad natal, Nueva York, para actuar como solista y en grupos de cámara. Fue también arpista en las orquestas de la Opera Metropolitana, Filarmónica de Nueva York, de la Opera de Nueva York, de St. Luke y Filarmónica de Brooklyn. Entre 1992 y 1997 vivió en España, donde fundó el dúo de arpas Gioccarpa, con el que grabó el disco Vent de terre, vent de mer.

Paulus registró grabaciones con distintas orquestas, entre ellas la Sinfónica de San Francisco, de la Opera Metropolitana de Nueva York y la Filarmónica de Nueva York. Actualmente radica de nueva cuenta en nuestro país y se desempeña como arpista en la Filarmónica de la UNAM, la Orquesta del Teatro de Bellas Artes y con la Sinfónica de Minería.

Por su parte, Miguel Villanueva es originario de la Ciudad de México, donde nació en el año de 1964. Se le considera uno de los flautistas más activos de la actualidad en nuestro país, con grabaciones y estrenos mundiales que incluyen obras para flauta y orquesta dedicadas a él por diversos compositores. Ha sido invitado como solista por importantes orquestas en todo el país, así como en Francia y Alemania. Su actividad concertista lo ha llevado a presentarse en Europa, Estados Unidos, Canadá y México.

Paralelamente a su actividad como concertista, es coordinador general de la Convención Internacional de Flauta Transversa y director artístico del Concurso Nacional de Flauta Transversa, además de una notable labor docente en la Escuela Nacional de Música de la UNAM.

LOS AUTORES NACIONALES

Calaveras es sólo una de las numerosas creaciones de Eugenio Toussaint para orquesta sinfónica. Este notable músico se distingue por una versatilidad que lo mismo le ha conducido a los terrenos del jazz y al ámbito de la música de concierto. Oriundo de la Ciudad de México, donde nació en 1954, es autodidacta de formación y se inició en 1973 como pianista. En 1976 formó el grupo Sacbé y tres años más tarde partió hacia Estados Unidos para estudiar composición en la Escuela de Música Dick Grove de Los Angeles.

También estudió orquestación con Alberto Harris, pasó a la Universidad de Indiana, donde se hizo alumno de Mario Lavista, John Corigliano y Lukas Foss.

Calaveras es una obra en un solo movimiento que escribió en 1995, gracias a una comisión procedente de la Orquesta Sinfónica de Minería.

Por su parte, Eduardo Angulo es originario de la ciudad de Puebla y sus primeras lecciones de piano las tomó en el seno familiar desde la edad de 5 años. A los 7 ingresó al Conservatorio Nacional de Música de México, del que egresó con honores en 1973, para después pasar a estudiar violín y composición en instituciones europeas.

Su Concierto para flauta, arpa y orquesta se inspiró en una procesión guadalupana, de las muchas que se dan los días 12 de diciembre. El compositor se define como "no religioso", pero le impresiona profundamente una manifestación de fe tan auténtica como absolutamente mexicana.

En una entrevista, el músico comentó que la primera parte de su obra "se basa en la observación de quienes van en carros, en burros, en bicicletas. Todo mundo va hacia el mismo lugar, con la misma fe; hay quienes van llorando. Van hacia la Villa de Guadalupe. El segundo movimiento indica que la gente ya está en la Villa; hay devoción, misticismo. Al terminar eso viene la fiesta, en el Allegro jacarandoso, que es el tercer movimiento".

Por lo que toca a la obra de Federico Ibarra, las deformes imágenes que atraviesan la mente antes de caer en el seño profundo es la motivación que condujo a este músico a escribir una Segunda sinfonía, que no es precisamente una obra descriptiva o programática.

Nacido en la Ciudad de México, en 1946, Ibarra estudió composición en la Escuela Nacional de Música de la UNAM y más tarde tomó lecciones en París con Jean-Etienne Marie, becado por la Radio y Televisión Francesas. Compositor con una producción de enorme variedad, cuenta con obras para la escena y se le ubica como un magnífico ensayista Fue director musical de Micrópera de México, dirigió el Taller de Composición del Cenidim y está a cargo del Taller Piloto de Composición de la Escuela Nacional de Música de la UNAM.

Su ópera Alicia ha sido premiada en varias ciudades del mundo; recibió los premios Silvestre Revueltas y Lan Andomián, la Medalla Mozart y el premio para la Nueva Música en la Danza por su música para el ballet Imágenes del Quinto Sol, otorgado por la UNAM.

Se le considera uno de los más importantes creadores de México.

MUSICA PARA LA FIESTA DE ROMA

Definido como uno de los mejores orquestadores italianos del siglo XX, Ottorino Respighi (1879-1936) nació en Bolonia y estudió en el Liceo de esa ciudad entre 1891 y 1901. Los encuentros en Rusia con Nikolai Rimski-Korsakov -en 1901 y 1903- marcaron de manera crucial y definitiva su estilo como compositor. Es allí donde se origina y nutre aquella vena orquestadora sorprendente e inagotable que es el sello característico en sus obras.

Se dice que las impresiones visuales dejaban en su interioridad una huella profunda. Seguramente por ello, su obra tiende a ser de un carácter intensamente sensorial y logró concretar las obras en que se fundamenta su popularidad: el tríptico dedicado a la ciudad de Roma. Esta trilogía se compone de los poemas sinfónicos Fontane di Roma ("Fuentes de Roma", 1916), I pini di Roma ("Los pinos de Roma", 1924) y Feste romane ("Fiestas romanas", 1929). Se trata de tres composiciones notables por la inventiva impetuosa y por sus sorprendentes efectos orquestales.

Fiestas romanas es, al igual que Los pinos de Roma, una evocación del pasado. En este poema sinfónico, el autor se propuso recrear algunas de las festividades antiguas, mediante una música espectacular y de colorido extremo.

Por tratarse de música descriptiva, Respighi consideró conveniente redactar un "programa", en que explica sus motivaciones para cada uno de los fragmentos. Este es el texto:

ìJuego en el Circus. Se observa un cielo amenazador sobre el Circus Maximus, durante el festival del pueblo. ¡Viva Nerón! Las puertas de hierro se abren; los acordes de cantos religiosos y aullidos de bestias salvajes flotan en el aire. La multitud se levanta, enardecida, mientras la canción de los mártires progresa, conquista y se pierde en el tumulto.

ìEl jubileo. Los peregrinos avanzan por el camino, rezando. Desde la cima del Monte Mario aparece, finalmente ante sus ojos, la Ciudad Santa. ¡Roma, Roma! Estalla un himno de alabanza, al que responden las campanas de las iglesias.

ìFestival de la cosecha de octubre. En los castillos romanos cubiertos de enredaderas se escuchan los ecos de la cacería, las campanas y los cantos de amor. Después, hacia el amanecer, surge una romántica serenata.

ìLa Epifanía. Es la víspera de la Epifanía en la Plaza Navona. En el clamor se levanta el sonido característico de la trompeta. De cuando en cuando, por sobre el ruido, surgen temas místicos, cadencias de saltarello, un órgano callejero, el llamado del labrador, la ruda canción de los borrachos y el stornello con que se expresa el sentimiento popular: ¡Permítannos pasar, somos romanos!".