Opinión
Educación y Cultura
Abel Ayala Guerrero
La danza popular urbana

El Sol de Puebla
29 de enero de 2008

Abel Ayala Guerrero

En las comunidades indígenas han perdurado las danzas de origen ritual. Los conocedores y practicantes de estas danzas pertenecen a los núcleos más importantes, jerárquicamente hablando, de la comunidad y tienen la obligación de mostrar las rutinas a los que ha habrán de heredar su puesto en las celebraciones, conmemoraciones y fiestas.

En muchas comunidades indígenas han sobrevenido crisis en la enseñanza de las danzas, toda vez que los más jóvenes integrantes de la comunidad prefieren desplazarse hacia los centros urbanos y no poner atención a la salvaguarda del acervo coreográfico heredado de sus antepasados. Aunque las danzas indígenas, en su mayoría, pueden ser realizadas por hombres y mujeres de edad madura, el conocimiento de las secuencias, las rutinas, los ritmos y pasos se extinguen poco a poco, porque, como se dijo antes, no todos los miembros jóvenes de la comunidad resultan aptos para la ejecución de las danzas.

La reducida atención que la danza popular urbana ha recibido de los organismos oficiales y, en general, de los organismos que tienen a su cargo la responsabilidad de elaborar los programas de la enseñanza de la danza, paradójicamente, ha facilitado su expansión y divulgación espontánea. Vinculada totalmente a la empresa privada y a los establecimientos comerciales, se ha desenvuelto de una manera natural, azuzada por la demanda de un público amplio que es, simultáneamente espectador y participante. El centro de la danza popular urbana en el país es la Ciudad de México. Este género se vigorizó sorprendentemente a partir de 1920, alimentado por las manifestaciones más tradicionales de la música y los espectáculos populares.

Retomó fructíferamente una línea de creatividad que tiene sus antecedentes en la canción romántica, el corrido, las fiestas provincianas y las celebraciones más populares de México, como son los carnavales, las fiestas de pueblo y las conmemoraciones domésticas. También se nutrió de los espectáculos teatrales que desde la época de la colonia se había apoderado de las formas musicales y dancísticas internacionales.

Más recientemente, los medios masivos aportaron lo suyo para su diseminación. En contradicción fehaciente con lo que se cree con respecto a sus formas de organización y desarrollo, la danza popular urbana también posee considerables procesos de preparación y de profesionalización. Asimismo, da cabida a especialistas en la materia que llegan a significar por sus habilidades e, incluso, por su virtuosismo. En la danza popular urbana existen técnicas, códigos y procedimientos "legislados" aun cuando se encuentran referidos a campos considerados de aficionados, como son los espectáculos teatrales y las fiestas domésticas y populares. Existen sus especialistas en la materia y sus centros; en ellos sus protagonistas se preparan poco a poco hasta alcanzar diversos grados de profesionalización.

Aunque en general es la práctica la que indica el derrotero de esta preparación, en diversas épocas han surgido academias particulares que mediante las cuotas correspondientes inician o intentan perfeccionar a los integrantes de este ejercicio de verdaderos artistas. Es ley que estas academias fallen rotundamente, ya que los protagonistas de la danza popular urbana tienen un enorme campo de acción directa: fiestas, celebraciones, dancings, centros nocturnos, teatros de revista, carpas, carnavales y otras fiestas callejeras, etc.

Sin percatarse de ello, las vedettes, los cómicos, los conjuntos musicales, las orquestas y, en general, las principales figuras del teatro, el cine y la televisión musicales constituyen un verdadero cuerpo académico que se ocupa de indicar los programas de evolución dancística. Sobreviene una marcada interrelación entre las actuaciones de estos "maestros" y las prácticas mismas de los que obviamente son sus alumnos: los participantes especializados y los aficionados de los ritmos en boga.

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