Barroco
El arte de los toltecas en El Cerrito
Glifo del año grabado en el tocado de una figurilla de cerámica. Foto Diario de Querétaro.
Diario de Querétaro
28 de enero de 2008

Daniel Valencia

Querétaro, Querétaro. Desde las primeras exploraciones arqueológicas realizadas en El Cerrito hacia el año de 1985, llamó la atención el hallazgo de una serie de fragmentos de escultura en piedra. Las siguientes excavaciones arqueológicas en los años 1998 y 2006 pudieron comprobar la importancia de esta manifestación plástica como complemento de la arquitectura del sitio. De tal forma, la diversidad de fragmentos esculpidos fue identificada por medio de sus rasgos y contenidos simbólicos. Así también se pudo establecer como un fenómeno exclusivo de la cultura tolteca, misma que ocupó El Cerrito durante el período Posclásico Temprano.

En este sentido, se sabe por medio de investigaciones arqueológicas, que hacia el 900 d.C. los centros de poder local, empiezan a reconocer el surgimiento de un nuevo orden Mesoamericano. Encabezado por los llamados tolteca, fundadores y habitantes de Tula Xicotitlan, de composición étnica múltiple. Aunque su conformación inicial se alimentó de dos grandes vertientes culturales, una de la migración norteña identificada como chichimeca y otra proveniente del Golfo de México, la de los nonoalca.

Este nuevo orden político y económico ha sido identificado como un movimiento militarista tributario en expansión. Ideológicamente este nuevo sistema requirió de una expresión artística, compartida por todos aquellos centros ceremoniales y políticos, con la intención de lograr una unidad. Por lo que la mejor propaganda fue utilizar un arte público, expresado en una serie de construcciones simbólicas de escultura en piedra o bien en la decoración de los objetos de cerámica.

El discurso plasmado en este arte público refiere a un reconocimiento al lugar de origen, convirtiendo a cada uno de estos nuevos centros ceremoniales en una Tollan, o replica del lugar de origen de lo tolteca. Para ello se utilizaron símbolos que rememoran aquel lugar de donde proviene su población, pero también compartidos por otras poblaciones. También se muestran públicamente personajes históricos en su carácter de guerreros, complementados con glifos calendáricos, así como de emblemas de lugar y militares.

Todos estos materiales escultóricos de alto contenido simbólico, fueron colocados en las fachadas de edificios, tales como coronamientos y ornamentos, en los mosaicos decorativos de muros interiores y exteriores, así como en esculturas colocadas en patios y vestíbulos. La población pudo acceder a estos símbolos de forma cotidiana y en grandes cantidades, concentrándose en espacios abiertos como las plazas, para conmemorar festividades y rituales a lo largo del año agrícola.

De tal forma centros ceremoniales como El Cerrito, se convierten en santuarios de alcance regional, comunicados con sitios que muestran una ocupación, en donde la población se identifica como tolteca. Sin importar la distancia sitios como Chichén Itzá, Tula, Xochicalco, Cacaxtla, El Cerrito e inclusive Plazuelas en Guanajuato, se integran a este nuevo orden Mesoamerica, comunicándose entre sí mediante el uso del náhuatl como lengua franca.

Algunos símbolos del arte tolteca

En una situación ideal la escultura monumental brindaría importante información respecto a la religión, ideas políticas y organización social. Sin embargo, el estado fragmentado en que se encuentran la mayoría de lass lápidas, obliga en primera instancia a su restauración, y en segundo lugar a un análisis individual de cada fragmento.

Por otra parte la acertada restauración de algunas piezas, particularmente de dos tipos de coronamiento asociados a su hallazgo en determinados edificios, permitió inferir la identidad emblemática o nombre de la deidad a la cual estaban dedicados esos edificios. Siendo casos excepcionales, pues se pudo observar que su ruptura fue intencional desde tiempos prehispánicos, pues fueron utilizados como relleno de una construcción posterior a la tolteca.

Como circunstancia atenuante de este mal estado de conservación de la escultura recuperada por la arqueología en El Cerrito, se encuentra la posibilidad de comparar nuestros elementos simbólicos con los descritos para otros sitios ya estudiados. O bien también recurrir a algunos códices o amoxtli de tradición náhuatl, en donde se muestran elementos simbólicos que trascendieron en el tiempo.

En este trabajo inicial sobre el tema, hablaremos de algunos ejemplos, los elementos águila, ollin o movimiento, el símbolo año y sobre una variante de Venus, atributo de la deidad Quetzalcóatl.

Cuautli, águila

Respecto a este elemento se cuenta con dos muestras. Una relativa a un fragmento de lápida grabada en altorrelieve, descubierta sobre el llamado Altar de los Cráneos. La pieza fue restaurada a partir de 29 fragmentos, dejando ver en su extremo un glifo de cabeza de águila asociada al numeral diez. En su extremo derecho muestra un gancho curvo o símbolo identificado como coltic. Así como un bastón de mando sostenido por una pequeña mano y tres plumas, posiblemente de un tocado del personaje al cual otorga nombre el glifo. De tal forma diez águila es el nombre del guerrero, cuya importancia histórica trascendió por medio de una lápida, observable por la multitud asistente a algún ritual o ceremonia dentro del sitio.

El otro caso es una lápida rectangular que muestra esculpida la parte trasera de un águila. Esta placa fue encontrada y reutilizada en el recubrimiento de un pequeño altar al oriente de la Plaza de las Esculturas. También muestra como elemento complementario un símbolo de coltic o gancho. Con base en otros estudios se sabe que coltic esta relacionado con los lugares de origen y residencia de los ancestros, así como con el punto de partida del cual provienen los pueblos históricos. En el códice conocido como la Historia Tolteca Chichimeca se observa en la primera página, en la parte superior de las siete cuevas, Chicomoztoc. Su uso insistente, parece obedecer a una constante referencia al lugar de donde proviene el nuevo orden tolteca mesoamericano. La indicación de ser un autentico tolteca que no olvida su origen.

Las representaciones de águila plasmadas en piedra y barro son muy antiguas en Mesoamérica. Entre los nahuas y mixtecos el águila simbolizaba el sol, el emblema de guerreros, el corazón del calor transformado en cuauhxicalli o depósito de los corazones sacrificados. En sus representaciones se enaltece su cabeza con las plumas erguidas, el pico curvo y fuerte, así como la garra. Como quinceavo signo del tonalpohualli, o calendario ritual, suele limitarse a la representación de la cabeza asociada a un numeral.

Ollin, movimiento

Las representaciones de ollin encontradas en El Cerrito se encuentran en un pequeño sello de barro cocido, así como en un fragmento de lápida esculpida en piedra donde aparece asociado al numeral dos. La primera muestra es un sello cuya función fue transferir la imagen a telas o pieles, en tanto la segunda formó parte de un mosaico en donde se atribuyó el glifo dos ollin al nombre del personaje grabado, un guerrero o señor del cual se narrarían su historia.

Se trata del signo decimoséptimo del tonalpohualli o calendario ritual de 260 días. Básicamente este jeroglífico esta formado por dos bandas entrelazadas. En los códices estas bandas reciben color, siendo una roja y la otra azul. Este signo se asocia a Xólotl, dios de las cosas deformes y posiblemente de Mercurio. Xólotl es considerado el doble de Quetzalcóatl durante su descenso al mundo de los muertos.

Durante el periodo Posclásico Tardío los pueblos nahuas del centro de Mesoamérica identificaron el día nahui ollin o cuatro movimiento con la fecha de celebración del sol, siendo su nombre calendárico. Los señores y guerreros importantes festejaban en este día al sol. Con este mismo vocablo se nombra al último de los soles o edades cosmogónicas.

Literalmente ollin refiere al movimiento que pone en acción la vida de todo lo existente. De esta forma también se le utiliza en algunos códices o amoxtli para ilustrar los terremotos.

Glifo del Año

El tocado que porta en la cabeza una figurilla de barro cocido procedente de El Cerrito muestra una variante glifo del año, el cual consiste en la yuxtaposición de dos triángulos. Existen evidencias de su existencia desde tiempos del período Preclásico en Monte Albán. Sin embaro su mayor expresión se realizó en códice, objetos de piedra, hueso y cerámica en la Mixteca poblana.

En algunos objetos parece ser una simple reproducción del signo, sin embargo en los códices es identificado como el signo del año. Su representación es un triángulo insertado por un aro, al cual se agregaba el nombre del año y un numero.

Quemi, quincunce, Venus

Una de tantas variantes de la representación de Venus se ha encontrado repetitivamente en fragmentos de escultura en piedra, grabados en sillares y lápidas, debió formar parte de grandes mosaicos en donde seguramente se intentaba reconstruir una imagen del cielo.

Algunos estudiosos llegaron a confundir esta imagen con un supuesto glifo sangre o agua, principalmente aquellos diseños encontrados hace décadas en sitios como Xochicalco y Tula.

Al parecer el origen de esta composición empezó a difundirse desde la zona Mixteca hacia el período Posclásico Temprano. Lo cual es de esperarse pues la Mixteca es considerada la tierra de los códices por excelencia, ya que los mas bellos provienen de esa región cultural. Los antiguos mixtecos representaron a Venus mediante el glifo Quemi, el cual puede ser observado en la primera página del códice Vindobonensis formando parte de la franja del cielo nocturno.

Esencialmente es una composición de ojos estelares y rayos luminosos formando un abanico que observa hacia abajo. Se le llama en algunos escritos antiguos como quincunce, siendo uno de los atributos de serpiente emplumada o Quetzalcóatl.

En este sentido podemos concluir por el momento que los elementos simbólicos descritos anteriormente, presentan en común un lazo o conexión con la deidad Quetzalcóatl, llámense atributos. Su imagen es entendida y transfigurada en estrella de la mañana, en la creación del sol y del calendario. En este carácter de héroe cultural y divinidad creadora, la naturaleza de Quetzalcóatl es plateada en este arte público como el de una era de movimiento creador.