Opinión
Victoriano Tobalina Beltrami
¿Cuántas bendiciones te has perdido?

Diario de Xalapa
25 de enero de 2008

Se cuenta que un cristiano murió y llegó al cielo, y en la puerta lo estaba esperando un ángel para llevarlo a hacer un recorrido. En medio del resplandor de las calles de oro, de las hermosas mansiones y de los coros de ángeles, aquel creyente observó un edificio muy grande como una bodega enorme, que no tenía ventanas y sólo tenía una puerta; entonces, le pidió al ángel que lo llevara allí, y el ángel le dijo: "Usted no querrá ver lo que hay allí". Aquel creyente se preguntó extrañado: -¿Por qué tendría que haber secretos en el cielo? ¿Qué increíbles sorpresas me esperarán allí?

Cuando terminó el recorrido oficial por el cielo, y a pesar de la inmensidad de cosas hermosas que este hombre vio, siguió con aquella inquietud, y de nuevo le solicitó al agente celestial que quería ver lo que había dentro de aquella gran bodega. Ante tanta insistencia, el ángel por fin accedió, y cuando abrió la gran puerta de la bodega, el creyente entró de inmediato y se percató que ese gran edificio estaba repleto de filas de estantes, desde el piso hasta el techo, atestadas de cajas blancas con cintas rojas.

-Todas éstas cajas tienen un nombre escrito, dijo el hombre en voz alta. -¿Habrá alguna para mí? -Sí, hay una para usted... pero, con toda franqueza, si yo fuera usted no la abriría. Todavía no terminaba de hablar el ángel, cuando aquel hombre ya había salido corriendo a encontrar su caja. El ángel lo siguió mientras meneaba la cabeza, y le alcanzó cuando el creyente ya estaba abriendo la caja. Al mirar su interior, aquel hombre comenzó a sollozar y a suspirar y sólo podía decir: -"Oh, no... no puede ser, si yo lo hubiera sabido", porque allí, en el interior de la caja blanca de aquel hombre, se encontraban muchísimas bendiciones que Dios quiso darle mientras estaba en la tierra... pero él nunca las pidió.

¿Sabía usted que existen más de ocho mil promesas en la Biblia y que todas son para nosotros los que hemos creído de corazón en Jesucristo?. "Porque todas las promesas de Dios son en él (en Jesucristo). Sí, y en él Amén..." (2ª Corintios 1:20). Jesús prometió esto: "Pedid, y se os dará; buscad y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquél que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. Porque, "¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide pescado, le dará una serpiente? Pues si vosotros siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿Cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan? (Mateo 7:7-11).

Como la naturaleza de Dios es bendecir, él tiene la bondad a tal grado de abundancia, que sobrepasa aun la indignidad de nuestras vidas, por los méritos que Jesús logró para nosotros en el Calvario. Y si usted piensa de otro modo acerca de Dios, entonces le invito para que escudriñe más la Biblia, y la palabra cambiará seguramente su manera de pensar.

¿Por qué no establecer el compromiso para toda la vida de pedirle a Dios que lo bendiga todos los días, como lo hizo aquel ilustre hombre del Antiguo Testamento llamado Jabes, que por su osadía y atrevimiento agradó sobremanera a Dios y mientras él lo cumple, porque es fiel a sus promesas, que la bendición sea abundante y generosa?

Jabes le dijo un día a Dios: "Oh, si en verdad me bendijeras, ensancharas mi territorio y tu mano estuviera conmigo, y me guardaras del mal para que no causara dolor" (1ª. Crónicas 4:9-10). Dice la Biblia que Dios le concedió a Jabes todo lo que pidió, y que de esta manera se convirtió en un hombre mucho más ilustre que sus hermanos.

¿Qué hizo Jabes? Se atrevió a pedir con fe, y Dios se lo concedió. Así de fácil. ¿Sabe una cosa? Nosotros muchas veces limitamos la liberalidad y la generosidad de Dios. A Jabes se le bendijo simplemente porque no permitió que ningún obstáculo, individuo u opinión fuese mayor que la naturaleza de Dios. La historia de Jabes es un testimonio en la Biblia, que nos muestra que no importa quiénes seamos o lo que nuestros padres hayan decidido por nosotros, sólo cuenta lo que queremos ser de acuerdo con la voluntad de Dios y pedirlo.
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