Barroco
Malacates de El Cerrito
En El Cerrito no se han encontrado malacates con representaciones de animales.
Diario de Querétaro
13 de enero de 2008

Daniel Valencia Cruz y Alicia Bocanegra Islas Centro INAH Querétaro

Querétaro, Querétaro. Durante la última temporada de exploraciones en la zona arqueológica El Cerrito, fueron excavadas dos salas con columnas. Una al oriente de la plaza de las Esculturas y otra localizada entre esta plaza y la Plaza de la Danza.

Es muy probable que en estas salas se efectuaran ceremonias tendientes a ofrendar objetos diversos a las deidades del sitio. O bien, que fueran espacios destinados para almacenar productos tributados a los señores y sacerdotes, quienes mantenían el culto en el lugar. Tales objetos podrían provenir de poblados de la región así como por intercambio comercial desde lugares lejanos.

Las ofrendas que perduraron hasta nuestros días y han podido ser registradas por la arqueología, incluyen punzones y espátulas de hueso, puntas de proyectil en piedras de sílex y obsidiana, figurillas en barro cocido y en piedra, así como vasijas de barro entre otros. Pero en particular destacan unos artefactos llamados malacates, elaborados en barro cocido, piedra y esporádicamente en concha. Lo más probable es que los hubo también de madera, pero al ser de un material orgánico no se conservaron con el paso de los años.

Un malacate o husillo es un pequeño instrumento con forma cónica, bicónica o de simple botón, con una perforación en el centro. Dicho objeto en combinación con una vara o palito, la cual se fijaba en la perforación, lo convierte en una herramienta conocida con el nombre de rueca. Al girarse manualmente este instrumento se pueden ir torciendo las fibras de algodón o ixtle para producir hilo, con el cual a su vez se elaboraban lienzos de tela por medio del telar de cintura.

Se ha pensado que el tamaño de los malacates corresponde al tipo de fibra por torcer, sin embargo esta relación parece obedecer más bien al tipo de hilo a obtener. De esta forma, a partir de una fibra gruesa, se podía obtener un hilo delgado utilizando una rueca con malacate pequeño.

Respecto a su elaboración se ha podido identificar los moldes de barro cocido con los cuales fueron manufacturados la mayoría de ellos, otros más fueron solamente modelados. En el caso de los hechos en piedra, se utilizaron piedras de caliza, andesita y ónix, alcanzando su forma final mediante el pulido de la piedra. Sin embargo fueron encontrados dos ejemplares pulidos en concha, hecho inusual y poco documentado en toda Mesoamérica.

Los malacates de barro cocido son los que presentan decoración, moldeada, sellada y pintada, en uno o dos lados. Lo más común es la decoración pintada en la cara lisa o superior, en tanto la moldeada se localiza en la cara inferior o en los lados. Sus diseños son muy diversos, abarcan desde trazos geométricos simples como líneas en zigzag y puntos. Existen aquellos que dividen en gajos o parcialidades la cara decorada, mostrando diseños principalmente de flor. Otros más muestran comúnmente la llamada greca escalonada o xicalcolhiuqui como máxima expresión esquemática de la serpiente preciosa.

Se han identificado diseños geométricos pintados con chapopote tanto en la parte superior de algunos malacates, como en la decoración ya moldeada en el barro de la cara opuesta. Esta tradición decorativa con uso de chapopote es atribuida a los pueblos huastecos del período Posclásico Temprano. A ellos también se les asocia con una migración hacia el centro de Mesoamérica, así como el establecimiento de redes comerciales. Es a través de estas que los malacates huastecos pintados con chapopote llegaron sitios toltecas como El Cerrito y Tula.

En El Cerrito no se han encontrado malacates con representaciones de animales, pero sí abundantes rostros y cuerpos humanos de guerreros ó bien seres míticos. Entre estos destacan dos piezas, una la de un guerrero de cuerpo completo con cabeza de águila y bastón de mando, representación única en su género y no registrada antes para la región. Parece combinar característica animales y humanas en un ser mítico, cuya cabeza de águila, como es bien conocido en la iconografía mesoamericana es un atributo solar.

El otro caso es el de un malacate decorado con cuatro rostros humanos de perfil, cada uno portando orejera y yelmo de algodón en la frente. Cada rostro se encuentra separado entre sí por una doble banda, siguiendo un simbolismo que refiere a la concepción cuatripartita del espacio terrenal, compartida por los pueblos mesoamericanos desde el período Clásico. Esta pieza dada su estilización y expresividad ha sido seleccionada desde su hallazgo, en el año de 1999, como el diseño emblemático y representativo de la zona arqueológica. Por lo que puede ser observada en letreros, cédulas y trípticos informativos de la misma.

El estilo decorativo de los malacates de El Cerrito, es definido como tolteca y se puede ubicar cronológicamente entre los años 900 y 1,200 d.C. Esto nos lleva a plantear una antigua tradición en la producción de hilo y en consecuencia la elaboración de tela en el valle de Querétaro desde ese período, evidenciada arqueológicamente por la abundancia de estos artefactos.

Se sabe que la tarea de hilar en tiempos prehispánicos era exclusiva de las mujeres, como se expresó en una imagen del códice Vindobonensis. Pero también fue atributo de algunas deidades, como se observa en la imagen de Chalchitlicue en el códice Telleriano Remensis, en donde la diosa de las aguas terrenales porta en su mano izquierda una rueca.

Siglos después, también se documentó la importancia de la producción de hilo y telas en la región de Querétaro. En el códice del siglo XVI llamado La Matricula de Tributos, el cual identifica a Tlachco, antiguo nombre del pueblo de Querétaro, como dependiente de la provincia otomí de Xilotepeque, tributaria del señor Moctezuma. En su lámina 11 se señalan los objetos, animales, trajes de guerreros y productos del campo que debían ser entregados por Xilotepeque al imperio mexica.

Entre otros los bienes tributados se indica la entrega cada 80 días de 400 mantas teñidas con grecas de color, 400 mantas con cenefa a dos colores y diseño de rombos, 400 naguas de mujer y otros tantos huipiles con diseños de grecas como de jícaras, 400 mantas con diseño de greca como culebra de navajas, 400 enredos de un lado y 800 mantas con diseño de manchas de ocelote.

La gran cantidad de mantas tributas al imperio mexica son evidencia de la importancia del cultivo de algodón, del procesamiento de hilo y del tejido de telas. Las mantas fueron el producto final de una larga cadena productiva local, en donde se convirtieron en una mercancía de uso común, de intercambio, as{i como de pago del tributo requerido.

Finalmente queremos incluir otro documento conocido como La Relación de Querétaro, escrito hacia 1575, el cual también describe la importancia de los tejidos de algodón e ixtle en la vida cotidiana de los pueblos prehispánicos de la región de Querétaro. En este se señala como Conni, cacique del pueblo de Nopala intercambiaba con indios chichimecos, por trueque o pago ...mantas de un hilo que se hace de un árbol que se llama maguey... a cambio de pieles de venado, tigres y liebres, así como arcos y flechas.

Mas adelante, indica también como adoraban a ...dos dioses de mucha reputación, el uno en forma de hombre y el otro de mujer, hechos de varas, a los cuales tenían vestidos ricamente, al hombre con mantas ricas y al de mujer con naguas y huipiles. Y los huipiles son como las camisas de las moras, y las naguas, como unas basquiñas muy justas, todo hecho de algodón, tejido con muy ricas labores que era lo que mejor se hacía en toda la tierra.

Podemos concluir con base en la información recuperada arqueológicamente y contrastada con documentos históricos, que el valle de Querétaro fue una importante región donde se cultivaron fibras naturales para la producción de hilos desde al menos el año 900 d.C. Los cuales fueron utilizados en la elaboración de mantas, cuya calidad y diseños fueron reconocidas en Mesoamérica, llegando a ser consideradas parte del tributo entregado cotidianamente al Imperio Mexica aun en el siglo XVI.