Comunidad y Cultura Local
Huejotzingo, Puebla
EL portal de Peregrinos luce en todo su esplendor en el claustro del convento de Huejotzingo.
El Sol de Puebla
26 de noviembre de 2007

Vicente Dueñas

El convento franciscano de este lugar es de suma importancia por su conservación que se encuentra en todo su esplendor de belleza, que los turistas extranjeros y de la nación mexicana admiran su construcción, de piedra que ha resistido los embates de temblores sin sufrir daños de consideración. La construcción del convento es descrita por la mayoría de los autores en tres etapas. Rebuscar, es la palabra adecuada en lo intricado de estas descripciones desalienta más al lector que animarla a conocer la historia de la construcción del monumento que nos ocupa.

Preferimos enumerar estas etapas y continuar con la descripción narrativa y así mencionar hechos que revisten mayor importancia relaciónense o no con los tres, tras discutidas etapas.

La primera de 1524 a 1529, cambió del lugar del antiguo Huejotzingo y construcción de un nuevo asentamiento. La segunda etapa 1529 a 1539. Inicio de edificación del convento e Iglesia, etapa de que según el autor de esta descripción cronológica George Kubler de la Universidad de Yale, en su arquitectura Mexicana del siglo XVI no existe evidencia alguna y tercera etapa 1544 a 1571. Construcción del Convento e Iglesia actuales.

Decíamos que hondar en la discusión de fechas y evidencias de estas etapas no conduce a nada práctico y resulta confuso por lo que a toda luz es mejor aceptar: PRIMERO.- El original Huejotzingo se ubicó más hacia la parte alta de las vertientes de las montaña, quizá por la abundancia de agua proveniente de los deshielos de el Iztaccíhuatl, la mujer blanca, de cuerpo yacente cuyo sudario deja caer sus pliegues sobre el túmulo azul de la sierra y el Popocatépetl el monte que humea entre nubes como genialmente describe don Carlos Pereyra a los eternos guardianes de Huejotzingo.

Que este asentamiento fue movilizado por Juan de Alameda al sitio que hoy ocupa nos lo comenta Betancourt cuando dice "los religiosos viendo desacomodado el sitio (que era por aquel tiempo defensa de sus enemigos a propósito). La fundaron una legua más abajo en un hermoso y apacible sitio. Se refiere sin duda a lo abrupto del terreno y a veces inaccesible y en el texto entre paréntesis nos hace recordar las guerras floridas. Así, los portadores de la palabra evangelizadora debieron subir y escalar por terrenos elevados, con deterioro y cansancio de sus personas, que así fue, nos lo hace saber Fray Toribio de Benavente (Motolinía) en su "Historia de los Indios de la Nueva España". Lo profundo de los valles y por este menester que los frailes suban a las nubes... Por lo tanto Huejotzingo y sus moradores fueron movilizados al lugar que hoy equipan.

Al respecto surge un anécdota que narra el fraile Juan de Ahora o de Agora quien relata que al hacer el desplazamiento se escuchaban voces que decían "ya nos lo llevan, ya nos lo llevan".

SEGUNDO, evidencia aceptable de cambio de planos originales de construcción de templo y convento y de la existencia quizá efímera de un primer templo o capilla de indio, lo son los restos de cimientos y parte de muros descubiertos en la parte norte con motivo de las obras de restauración de 1980, y de los que no han podido por lógica hablar, quienes de estos se han ocupado antes que nosotros. TERCERO.- Es sabido que los indios de Huejotzingo al igual que el resto de conquistados, sufrieron extorsiones de las primera audiencias y estas extorsiones muchas veces fueron motivadas por la insistencia en construcciones suntuosas y opulentas en oro.

Estas presiones motivaron procesos como el abierto contra el Obispo Zumárraga (29 de abril de 1529) en el que en los cargos presentados por Nuño de Guzmán, se decía que la Iglesia de Huejotzingo se construiría con tanto lujo como la de San Juan de los reyes de Toledo, Según Kubler - Uno de los testigos afirmó que este es el más maravilloso y espléndido edificio de México que en nuestros tiempos se ha visto. CUARTO.- Hecho que al ser aceptado conlleva rendir homenaje de administración y tributo de reconocimiento al arquitecto Maestro de la obra Juan de Alameda, sin discusión creador de las grandezas monumental del conjunto arquitectónico de Huejotzingo.

Vale la pena, lector, que sepan con letras de ornato en la Historia del arte colonial mexicano las fechas de 1528 de su llegada a México y de 1570 año de su muerte.

Llegó a la Villa Rica de la Veracruz acompañando al Obispo Zumárraga, estudioso como era asimiló pronto la lengua y el pesar de los naturales, celoso de la pulcritud y casto varón, se dedicó de lleno a evangelizar y enseñar a los indios algunas ciencias y artes principalmente las relacionadas con la construcción existen evidencias en la literatura de que dominó el arte hidráulico o manejo de las aguas, sin duda al acueducto de Huejotzingo es obra suya. También se le atribuyen la construcción del templo de Huaquechula y fue guardián del convento de Tula. Mal hacen a mi entender lo señaló Alberto Vázquez Benítez autor de este resumen, quienes discuten si fue o no el constructor de la obra de Huejotzingo al querer negar o restar mérito a su participación recae en contradicciones sin sentido. Incluso hay quien afirma que durante su estancia en Huejotzingo "no construyo nada".

Después de revisar lo mucho escrito al respecto y sin animo de confundir al lector afirmamos que debe darse a Juan de Alameda el mérito de artífice diseñador y constructor de este convento, aseveración documentación certera que afirma otra cosa. Sus restos reposan en el interior de su gran obra: Huaquechula donde una placa reza:

"En este claustro reposan los restos del insigne constructor de este convento Fray Juan de Alameda, muerto el 15 de diciembre de 1570".

Por último te describimos lector, el escudo de armas de Huejotzingo concedido el 18 de agosto de 1553, cuando el convento debió ser ya lo magno que es hoy, se trata de una fortaleza, que el homenaje de ella salga de una bandera azul con una cruz de Jerusalén de oro y de la otra parte una palma de oro, de los lados de dicha fortaleza de plata blanco y una orla con cinco aspas de colorado, cinco estrellas azules en campo de plata y a los lados de dicho escudo, unas letras que dicen: CARULUS QUINTUS HISPANIARUM REX.

En la monumental obra arquitectónica de Huejotzingo se describen como en todas las construcciones conventuales de al época, los siguientes elementos: Atrio, Claustro, Iglesia y Capillas Posas, todo construido sobre una monumental plataforma de aproximadamente 14,400 metros cuadrados, explanada de solidez perfecta y trazo rectangular, levantada seis metros por sobre el resto del terreno adyacente. En el claustro a su vez describiremos entre otras cosas: el patio, fuente, celdas, refectorio, cocina, huerta y por supuesto la sala de profundis.

La construcción toda se encuentra aislada del resto de la población por un contorno de forma de murallón, que se remata de Almenas o pequeñas torrecillas, que dan a estas ciudades monocales su peculiar característica. Las almenas a manera de torrecillas se repetirán rematando los muros del convento y templo, valiendo la pena de una vez comentarles, ya que en su existencia encontramos la fusión de dos causales en primer lugar se encuentran ya en muchas construcciones pre-cortesianas, es decir los pueblos de Mesoamérica gustaban de ellas. Y segundo de acuerdo a lo expuesto por Felipe Pardiñas en su análisis de arte mexicano del siglo XVI en la obra de 40 siglos de arte mexicano.

En la interpretación de nuestros conventos del siglo XVI se ha dado con frecuencia una importancia a los aspectos militares que aparecen en ellos. Es cierto que existe una clara documentación respecto a la función de refugio que en caso de levantamiento de indígenas pudieran ofrecer estos centros urbanos. Sus almenas espesos muros, pequeños ventanales, aspilleras y algunas veces sus caminos de ronda, parecen confirmar por completo esta hipótesis.

El conjunto muestra al visitante un armónico aspecto de perspectiva desde la plazoleta de acceso, el primer plano lo ocupa la escalinata que nos lleva a la plataforma del concepto, a través de una arcada de tres claros con graciosos ornamentos en relieve. Los tres arcos son soportados por cuatro columnas con capiteles. Subiendo los escalones, cruzando la arcada el primer plano es ocupado por la cruz, característica conventual que señala el centro exacto del atrio.

La mayoría de crónicas del convento, por no decir todas señalan que no es la cruz original y que esta que contemplamos debió pertenecer algunas de las capillas posas.

La hermosa cruz es de cantera imitado fragmentos de troncos de construcción nudosa, al pie de la cruz se identifica una corona.