Toros
Hubo calidad en torero y vaca. Foto: Francisco Gálvez / ESTO

30 de julio de 2007
Jairo Miguel, hijo predilecto
De vuelta Felipe González
Miguel Ángel García

APIZACO, Tlaxcala.- A los 12 años, Jairo llegó a México para probar suerte como novillero, con una maleta llena de ilusiones y el sueño de torear en la principales plazas de la provincia.

Fue en la ganadería de Felipe González donde dio sus primeros pasos frente a ganado de encaste mexicano. Aquella vez, a su corta edad, los ganaderos le echaron un toro que se había despitorrado un día antes en la feria de Tlaxcala. Lo lidió con naturalidad y causó asombro por el desenvolvimiento que mostró ante el burel. No había duda, ahí nacía un torero con raíces de Cáceres.

El tiempo siguió su curso y Jairo emprendió el vuelo.

Se incrementaron sus presentaciones en provincia, cumplió su sueño de torear en la plaza México, prosiguió en más plazas importantes y la cosecha de triunfos ya era fructífera... hasta aquella tarde fatídica.

A mediados de abril regresaba por su segunda comparecencia a la plaza Monumental de Aguascalientes, ya tenía su ambiente y la gente comenzaba a identificarlo; sin embargo, esa tarde el pánico y el miedo se apoderó de la afición y la gente del callejón. Jairo había sido atravesado por el pitón de su enemigo... algo salió mal en esa larga cambiada, algo que por poco le cuesta la vida.

Su padre, Antonio Sánchez Cáceres, convivió con la angustia los días que Jairo estuvo hospitalizado. Milagrosamente, en una semana, los médicos lo dieron de alta. Casi enseguida se fue a su tierra, a los brazos de su madre, donde gracias al cariño de la mujer que le dio la vida terminó de rehabilitarse, física y emocionalmente.

Hoy, Jairo está de regreso; vivito y coleando.

El novillero pidió respetuosamente a los ganaderos de Felipe González, reaparecer en su ganadería. Para volver a sentir el cante del encaste mexicano y principalmente por ser la dehesa que lo vio llegar de España.

El hijo pródigo ha regresado.



TIENTA

Los sucesores de don Felipe González, propietarios de los hierros de Felipe González, Tenopala y Fracción de Coaxamaluca, nuevamente abrieron las puertas del rancho Tenopala al novillero español, teniéndolo como invitado de honor para tentar dos becerras.

Ayer, nos dice Doña Evelia Chapa Vda. de González, la lluvia azotó fuerte la región, sobre todo por la noche. Hoy, el cielo se despejó, el viento se calmó y el sol brilló pleno. Qué mejor día para las labores del campo bravo.

Carlos y Felipe González dieron suelta a dos becerras de buen juego, siendo la segunda de extraordinaria calidad y bravura. Jairo lidió a ambas con entrega y seriedad, mostró que del percance ya ni se acuerda y hasta recibió a la segunda de una larga cambiada. A esta brava le hizo lo que quiso, aprovechó al máximo las cualidades de su socia, la cual fue muy buena para ir al castigo del picador y misma a la que el novel Rodrigo Ochoa le pegó las "tres", escuchando sus primeras palmas.

Jairo le puso variedad a sus faenas, gaoneras invertidas con la capa; calafias y galleos con las banderillas; péndulos, redondos y circurrets con la muleta. Y, sobre todo, afición y entrega. No hay duda, el torero regresó con más enjundia, deseoso de comerse el mundo de un bocado, con más y mejores bríos. Listo para su reaparición.

Notas relacionadas