Lucha Libre
Entre misas y el cuadrilátero surge la leyenda de "Fray Tormenta"
ESTO
26 de mayo de 2007

DPA

Texcoco, Edo. de México - Se dice que los héroes se olvidan y que las leyendas perduran en la memoria de las personas. Es el caso de Sergio Gutiérrez Benítez, el sacerdote luchador que bajo el nombre de "Fray Tormenta" sube al ring para ganar dinero que le permita sostener su casa hogar.

La doble vida del padre de la orden de los escolapios comenzó en la década de los 70 y va de la pobreza, las drogas y el vicio hasta la búsqueda de Dios, la carrera sacerdotal, la lucha libre profesional y el amor por los niños sin padres ni hogar.

A sus 62 años, la historia del "padrecito luchador" ha trascendido las fronteras de México, ha sido tema de dos películas, una bendición papal y el rescate de miles de niños y niñas.

La película francesa "El hombre de la máscara de oro", protagonizada por el actor Jean Reno y dirigida por Eric Duret en 1990 y "Nacho Libre", una producción estadounidense de 2006, son un ejemplo de la tormentosa vida del padre Sergio y su afición por la lucha libre, uno de los deportes más populares en México.

"Los luchadores profesionales me tenían un respeto enorme, y hasta me besaban la mano en los vestuarios, pero no dejaban de pegarme arriba del ring", dice "Fray Tormenta" en conversación en su casa en Texcoco,.

En la humilde sala de la casa donde vive el padre Sergio, destacan numeros reconocimientos de algunos jóvenes que terminaron una carrera profesional con su ayuda y una bendición del papa Juan Pablo II, dirigida a "Fray Tormenta".

De sus recuerdos, el religioso destaca con orgullo las palabras que le dijo el papa Juan Pablo II: "Ojalá hubiera muchos como usted".

"El principal motivo por el que decidí ser luchador profesional fue por dinero, pensando que iba a ganar mucho como Cassius Clay y otros que ganan una 'burrada' de dinero, pero éste nunca llegó", comenta Sergio, que tras ordenarse como sacerdote en 1973, se convirtió en luchador profesional.

A diferencia de los profesionales, que muestran un físico voluminosos gracias al trabajo en el gimnasio, Sergio, que nació el 5 de febrero de 1945, en el central estado de Hidalgo, parece más un hombre de letras que un atleta.

"Nunca ansié la fama, ansié el dinero que nunca llegó y si después Fray Tormenta se convirtió en una leyenda y en alguien famoso fue por mi sacerdocio, porque como luchador nunca lo hubiera logrado", destaca el religioso que gusta de leer a San Pablo.

Agrega que en sus inicios, la gente iba a las arenas para ver "cómo le pegaban al padrecito". Después, "iban a verme porque luchaba por una causa, que era el sostenimiento de la casa hogar".

"Ahora, los aficionados gritan: 'No te dejes Fray Tormenta, mátalo, mátalo' o le gritan al que me está golepeando 'Te vas a condenar, le estás pegando al padrecito'", expresa Sergio, quien tomó su nombre de Fray por la orden a la que pertenece y Tormenta, por la "vida tormentosa" de su vida.

Comenta que al inicio de su doble carrera se sentía "un poco raro", pero después se dio cuenta de que la lucha libre es un deporte, con todas sus consecuencias. "En un momento me estaba dando de guamazos arriba del ring y dos horas después celebraba misa y predicaba el amor".

Con más de 40 años de una vida llena de pasión por el sacerdocio y la lucha libre como medio para hacerse de dinero para la casa hogar, a Sergio lo conocen más como Fray Tormenta.

"Casi todo el mundo me identifica como Fray Tormenta y lo más chistoso es que cuando voy a celebrar una misa fuera de mi jurisdicción los padres de otras iglesias se refieren a mí como Fray Tormenta. Incluso, el obsipo me llama 'Fraytor', lo que me da mucha risa", dice, Sergio, sin dejar de reir.

A sus 62 años de edad, pese a la diabetes que padece desde hace 25 años y de un infarto que sufrió el año pasado, Fray Tormenta tiene muchas historias que contar y se da tiempo entre misa y misa, para subir al cuadrilátero, al menos un vez por semana, pese a su retiro como profesional de la lucha libre.

La máscara con la que comenzó su carrera, la heredó ya uno de sus "cachorros", como llama cariñosamente a los niños que tiene a su cargo, que lleva el nombre de Fray Tormenta Junior.

Cuando su identidad fue revelada, su trabajo como sacerdote también llegó a la lucha libre: confesaba y perdonaba los pecados a los luchadores que luego enfrentaba en el entarimado.

"Eso me llenaba de orgullo, aunque los luchadores querían ganarle a Fray Tormenta arriba del cuadrilátero", añade Sergio, para quien los colores de su vestimenta de luchador representan "la viveza que debía tener Fray Tormenta" con el dorado y el rojo "la sangre que debía derramar por la protección de los niños pobres.

La historia de la doble personalidad del padre Sergio comenzó en la década de los 70 cuando recogió de la calle a un niño que no tenía padres ni casa y que todas las noches dormía afuera de la iglesia y al que conocían como "Chaneque".

Con ese niño sin padres ni casa comenzó la fundación de la casa hogar y la historia de Fray Tormenta, el religioso luchador que todas las mañanas se pasea por el jardín de Texcoco.

"Desde entonces, por la casa hogar que tiene su sede en el Estado de Hidalgo y que a partir de junio tendrá como sede el pueblo de Santa María Chiconautla, próximo a Texcoco, han pasado más de 2 mil niños y niñas, aunque quiero decir que no todos lo aprovecharon".

De la casa hogar ya salieron tres médicos, 16 maestros, dos contadores, 20 técnicos en computación, siete abogados, un sacerdote y varios luchadores profesionales, entre ellos Místico, El sagrado, Fray Tormenta Junior y Boy Danger.

"A cambio del millón de dólares que siempre quise ganar y que nunca logré, gracias a Dios, a la lucha libre y a las personas que han apoyado hemos logrado que muchos niños salgan adelante y no se avergüencen de mí", dice, emocionado, Fray Tormenta.