Toros
5 de enero de 2011
Cosas del alma... toros y caballos (columna)
El nombre de esta columna tiene un significado, como cualquier nombre debería tenerlo, y habitualmente lo tiene, aun y cuando la mayoría de las personas en este planeta desconozcan el significado de su propio nombre. Y justamente porque algún lector se podría preguntar qué significa, o qué tienen que ver "Las Cosas del Alma" con los toros y los caballos es por lo que ahora me dispongo a explicarlo.

El Bos Taurus (Toro), el Equus ferus caballus (caballo) y el Homo Sapiens (nosotros, el ser humano) tienen varios millones de años de evolución y de convivir de una u otra manera bajo distintas circunstancias. Hasta hace muy poco tiempo ambos herbívoros sirvieron sólo de alimento al ser humano. Cuando se logró su domesticación se amplió significativamente la relación entre estas tres especies, siendo el arte del rejoneo la culminación más elevada de cualquier actividad que los involucre individualmente o en conjunto. ¿Por qué?, ¿cómo sucede?, ¿cuál es la historia?

El toreo a pie nace en el mismo momento en el que un toro embiste y mata a un hombre o en el que el hombre elude la embestida y mata al toro; esto habrá sucedido desde que nosotros somos quienes somos, o sea Homos Sapiens (mucho más jóvenes que el toro) hace unos 90 mil años. La relación con el caballo es bastante más reciente puesto que hasta hace sólo unos 4 mil años el hombre domesticó al caballo y lo utilizó como animal de carga y luego de tiro, uncido a carros; y apenas 800 años antes de Jesucristo fue que se atrevió a montarlo y aparecieron los primeros jinetes en Crimea, hoy Ucrania, en Asia Occidental.

El caballo ha sido el animal más útil al ser humano en todos sentidos, ha servido como alimento, tanto su carne como su leche, inclusive ésta al fermentarse es convertida en bebida alcohólica en algunas culturas; ha sido utilizado para arar los campos, como transporte, para explorar nuevos territorios, e inclusive para hacer la guerra y conquistar naciones enteras.

La relación tripartita que compete a esta columna es cuando acontece que hombre, toro bravo y caballo participan juntos en alguna actividad, coincidiendo en tiempo y espacio, y esto es precisamente el rejoneo, que en sus inicios fue más bien llamado "alancear toros", puesto que se confrontaba al toro con lanzas, no con rejones, que es la derivación moderna de la práctica primigenia. Hay que resaltar la gran diferencia que existe entre el trabajo que hace el caballo, auxiliando al hombre en las labores de campo al manejar ganado manso -o sea el lazarlos y tumbarlos en su manejo comercial-, o en las diferentes suertes deportivas de la charrería, el rodeo, o todas las prácticas que se estilan en diferentes países y culturas. Habitualmente en ellas, el bovino es manso y huye, no acomete. A lo que pretendemos referirnos específicamente es a la labor asociada del hombre y el caballo al desafiar al toro bravo cuando este embiste a jinete y cabalgadura. He aquí una actividad que va completamente en contra de la naturaleza esencial del caballo, puesto que éste, al ser víctima de depredadores huye, como instinto primario y natural; es la manera en la que ha sobrevivido a través de millones de años de evolución.

¿Cómo es que se logra que el caballo pueda ir en contra de sí mismo, como especie y como ser? Esto es algo que no se ha podido lograr con ninguna otra especie animal en la historia del planeta tierra.

Para que esto haya ocurrido se requirió de muchos años de observación y selección de ejemplares equinos que fueron venciendo su miedo natural y pudieron ser capaces de controlar su deseo de huir, y permanecen con temple y serenidad aguantando los embates del ganado bravo. Particularmente esto se logró en Portugal, con la raza denominada "Lusitana". Hay referencias sobre esto desde que un escritor griego llamado Fodor -muchos años antes de la era Cristiana- relatara sobre lo que observó en esta zona del mundo, que todavía no estaba constituida en un país unido, pero que regionalmente realizaba estas prácticas ecuestres taurinas que en ningún otro lugar del planeta se llevaban a cabo. El caso es que ahora algunos caballos, no solamente los "Lusitanos", tienen la capacidad física, mental y "espiritual" para torear y crear un espectáculo sin igual en el que se conjugan la bravura del toro al embestir, el valor y destreza del caballo al sortear las embestidas, y la capacidad del hombre para domar al caballo y guiarlo con firmeza, pero también con amor para poder torear, brindándole confianza y camaradería de compañero y socio en una actividad sui géneris que va más allá de la lógica, pero que logra crear un evento emotivo, peligroso, artístico y profundamente espiritual, y precisamente al llegar a este punto es que tiene lugar y razón el significado del nombre de esta columna, en su segmento que se refiere a las "Cosas del Alma", y que desarrollaremos en la próxima entrega.

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