Opinión / Columna
La vida en Sepia / Jorge Romero 
15 de octubre de 2010

  En los últimos días, me encerré a piedra y lodo en mis mundos, en mis paisajes, en mis habitables espacios, que eso es lo que son, un remanso de tranquilidad, para evitarme sobresaltos.

Y es que mi casa es multicolor, está hecha de flores y aromas, pues, muy cándidamente, mi Krischelita se encarga de perfumarla a cada instante para que sea sin igual, con el consabido objeto de que en todo momento sienta que es mi lugar favorito. Y lo es.

Confieso que este encierro lo ejecuté para evitar hablar de lo que ya mucho se ha dicho sobre el caso que ustedes saben, pero, en parte, tanto reclamo de muchos de mis lectores (que los tengo, ¡jum!) y la disparidad de la cosa, no me han dejado más opción que entrarle nuevamente al plató de este culebrón estilo Emilio Larrosa, montado por la Sociedad de los Hijos de Poeta del Balón Azteca y cuanto titiritero mediático pulula por ahí.

Yo tengo un papelito secundario, casi terciario (no quiero más, por ésta, se los juro), en la tragicomedia que ha conmovido y matado de risa a todo nuestro México lindo y perdido: "Santo, Blue Demon y los Periodistas Críticos y Honestos, contra la Llorona, el Hombre Lobo, Drácula y los Seleccionados Malandrines".

Maquillado y vestido para interpretar mi papel, de lado de los villanos, les digo que soy tan buen histrión, que el guionista siempre me da la posibilidad de que improvise... y eso voy a hacer, porque no tengo apuntador (quien me dicte qué decir, pues).

Me siento como el científico loco de la historia de terror, el ser incomprendido que defiende a sus bestias a capa y espada, y que, por ese acto de amor, terminará en la picota, si bien le va... o tal vez desintegrado por la pistola de fuego de alguno de los justicieros.

Ya en serio. Cuando Néstor se emperró en dar a conocer culpables y sanciones por todo lo que pasó en la dichosa fiestita, luego, luego la gran mayoría de la prensa optó por aplaudir el hecho. Y todavía más aplaudieron cuando el enjuto De María salió a decir que nadie podía "amenazar", mediante carta, para sentarse a negociar.

Vaticinaron el fin del movimiento de los jugadores. Hubo quienes aseguraron, por sus miles de años en esta profesión, por sabérselas de todas, todas (porque entre ellos, el más chimuelo masca vidrio -así se sienten-), que Néstor estaba más cincho que nunca y que a los revoltosos chamacos no les quedaría más remedio que bajarse los calzones.

Acá, su adalid de petate, les dijo que naranjas. (No me ufano, sólo se los recuerdo).

¿Y qué pasó?, cuando los jugadores exigieron en privado una disculpa de Néstor por lo que, creen, había sido un abuso de autoridad (la exhibición de los desgraciados castigos que yo sigo insistiendo, no tenían razón de ejecutarse ¡porque se rompió la concentración!), demostró ser más intolerable que de costumbre, entendió mal aquello de la dignidad y decidió renunciar.

Les dije también, en ese momento, que según la sabia premonición del "Tuca", el hilo se rompería por lo más delgado... y se rompió (Ricardo, tú fuiste el culpable, a ver si no te juzgan a ti también, por francote y molero).

No me gusta lo que voy a expresar, pero... se los dije.

Segunda batalla de la guerra. Una vez más, la mayoría de los colegas (insisto, ¿me dan permiso de llamarles así?, no sean gachos, déjenme sentirme, un poquito, tan buen periodista como ustedes) han decidido tirarles toda la grilla posible a los jugadores de la Selección, por el indeseable hecho de que se sienten con derechos.

"Son una bola de pérfidos, escuálidos y bípedos"... "traidores, hipócritas, desvergonzados"... "ignorantes, sucios, comecuandohay"... y toda clase de adjetivos descalificativos, se han dicho y escrito contra los insurrectos tricolores.

Incluso han fustigado a Héctor Moreno por su falta de entonación a la hora de leer, como si los susodichos críticos supieran hablar y escribir, y miren que se supone que ellos se dedican a eso, y lo hacen bastante mal. Imagínese, en su momento, alguno se atrevió a pegarle a Javier Aguirre cuando dijo que le gusta guerrear. Ese animalito de la creación dijo que tal verbo no existe. Lo invito a consultar el amansaburros para que compruebe que sí está.

Al deportista le pagan por competir, no por leer discursos y fajarse en concursos de oratoria; cierto es que debe prepararse para enfrentar la vida (y a los buitres) con mejores formas, pero su actividad principal es lo que importa.

El caso es que el ataque a mansalva continúa: Que cómo es que los directivos permiten que estos jijos del averno se manifiesten -y hasta por escrito- en contra de un paladín de la disciplina que estaba a punto de llevarnos a mejores mundos; ¡no!, si al rato van a querer opinar sobre quién debe ser el director técnico de la Selección Nacional.

¡Ah, chingá! ¿Y por qué no pueden? ¿Porque ustedes lo dicen? ¿Qué tiene de malo que quieran intervenir en las decisiones de la Selección? si al final, como todos sabemos, son ellos quienes mueven la pelotita.

¿Por qué hablar y opinar es tema prohibido para ellos? ¿A poco nomás tenemos derecho quienes tomamos la pluma o el micrófono?

Los jugadores no pueden llamar intolerante a un directivo, mediante una carta que, se suponía, era privada, ¿pero ustedes sí pueden lanzarles toda clase de acusaciones?

No, pues sí que está buena su democracia.

Si de plano consideran tan mediocres, abusadores y gandallas a los jugadores de la Selección, es fácil acabar con su problema: no gasten más saliva ni tinta en hablar de ellos. Y sanseacabó.

¿Verdad que no se puede? De qué vivirían.

Además, déjeme decirle, lector, lectora, queridos, que esta guerra sucia contra los jugadores también tiene muchos intereses de por medio, para los cuales ya no tendrán, de primera mano, quién les filtre información. A menos que don Justino diga lo contrario y se les entregue. O tal vez Decio, a quien primero alabaron por su discurso, y ahora le piden que cambie de librito.

Mal chiste.- A partir de todo lo malo que han demostrado ser estos canijos chamacos futbolistas y lo que ha pasado en torno a la Selección Mexicana, propongo que les busquemos un nuevo mote. Aquí les van algunas propuestas:

Los Talibanes Verdes, El Cártel de Juárez y Vela, Los Matones Verdes, Los Hooligans del Balón, Rafa Capone y la Cossa Nos-Tri, la Segregación Nacional, Alí Babá y los 13 sancionados... a usted, lector, lectora, ¿cuál se le ocurre?

Sugerencias, comentarios, albures, reclamos o insultos, a: jromero@esto.com.mx; los contesto, todos.
 
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