Opinión / Columna
Les cuento ESTO del Teatro 
"El Caballo" Rojas 
Doscientos años de teatro
ESTO
14 de octubre de 2010

  A don Miguel Hidalgo y Costilla le gustaba todo lo que tuviera que ver con las letras y la poesía. En alguna de las tantas biografías que de él existen, se habla de que, si algo le apasionaba realmente, era el teatro. Tradujo varias obras de autores franceses, para luego representarlas en su casa, a la que conocían como "La pequeña Francia". De modo que también los teatreros de México debemos festejar el bicentenario del teatro.

Aunque si de tiempo hablamos, el teatro en nuestro país se hace más de doscientos años. Los que llegaron a colonizarnos se valían de representaciones teatrales para lograr la evangelización de nuestros antepasados. Conforme nuestra nación crecía, se fueron construyendo en ciudades y pueblos, preciosos teatros que se convirtieron en lugar favorito de las sociedades para reunirse y disfrutar de la más importante manifestación cultural.

Monumentales iglesias y espectaculares teatros distinguían a las grandes capitales de México. El Juárez, de Guanajuato; el Degollado, de Guadalajara, El teatro de la Paz, de San Luis Potosí; el precioso Ángela Peralta, de Mazatlán, y algunos otros.

Luego llegaría el cine y surgieron aquellas majestuosas salas cinematográficas, hasta los cines de barrio tenían suntuosos lobbys. El cine se convirtió en una industria mucho más productiva, y el teatro se fue rezagando. Aquellos grandes teatros se fueron haciendo viejos, algunos, los más, abandonados y derruidos; otros se acondicionaron como cines y algunos, los menos, fueron rescatados. Hoy son bien pocos los teatros aquellos que siguen con actividades y sus puertas abiertas.

¿Cuántos políticos de entonces presumieron en sus informes de logros alcanzados, la construcción del teatro que sería orgullo de los habitantes de esa localidad, y se adornaban cortando el listón del pomposo recinto, aunque luego no se volviera a aparecer por ahí? Otros aprovechaban los estrenos o eventos importantes para ocupar el palco de honor y darse un baño de pueblo.

Fue en el teatro de la Republica de Querétaro, en 1917, cuando se reformó la constitución de 1857. No pocos escenarios de aquellos teatros se convirtieron por un día en recintos oficiales para la toma de posesión de algún gobernante o cualquier otro tipo de farsa.

Ya hace rato que el gobierno no construye teatros. Por ahí debe existir, olvidado, un viejo decreto que decía que por cada teatro que desapareciera, el gobierno lo repondría. Ha sido la iniciativa privada la que se puso con su cuerno e hizo los teatros más recientes aquí en la capital, donde abundan los pequeños espacios y los improvisados teatros en auditorios de sindicatos y en donde se pueda, pero lo importante es que el teatro siga existiendo luego de doscientos años. ¡VIVA EL TEATRO!
 
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