Opinión / Columna
La vida en Sepia / Jorge Romero 
24 de septiembre de 2010

  Ya le había advertido, lector, lectora -queridos, ambos- que soy terco y aferrado.

Así que, aunque me acusen de mucho malmodeo contra nuestros honorables y correctos directivos de la Sociedad de los Hijos de Poeta del Balón Azteca, vuelvo a la carga.

No me importa que se enojen los periodistas defensores de la disciplina (porque ahora dicen que no es asunto moral, sino de orden y hasta de la Ley Federal del Trabajo -habrase visto, leído o escuchado semejante burrada-), y mucho menos que don Justino pele unos ojotes ante tanto desgarriate que armamos, quienes creemos y sostenemos que no tienen idea del lío que han armado por la forma de aplicar su dichoso reglamento.

Anteayer no me reponía de la sentencia dictada por Néstor de la Torre a ese grupito de diabólicos muchachos que se hacen llamar jugadores profesionales, y ¡sopas!, que a uno de ellos se le ocurre decir que el reglamento de las Selecciones Nacionales tiene "lagunas".

¿"Lagunas"?, ¡"océanos", diría yo!

Este jugador es Guillermo Francisco Ochoa Magaña, mejor conocido como Memo Ochoa, muchacho al que usted quizá admira por su gran talento como portero y, también, porque suele ser bastante bien portado, aunque algo querendón, como cualquier joven que a sus 22 ó 23 años estudia una carrera profesional o ya trabaja, y es bien visto por las muchachonas.

Memo, como los otros 12 castigados de la Selección, cree fervientemente en su inocencia -hablamos estrictamente sobre la supuesta culpabilidad por infringir un reglamento-, pues sabe que, a partir de las propias normas escritas, pueden ampararse: la concentración se rompió formalmente vía documento e inclusive la propia federación, por uno u otro conducto, los conminó a divertirse dentro del hotel para evitar problemas en la calle, ante la violenta e insegura situación que vive Monterrey (como muchas otras ciudades).

De hecho, hay versiones -aún no comprobadas, se admite- que apuntan a que el propio Néstor les habría rentado el salón en donde fue el jolgorio.

Por eso digo que, en caso de ser verdad que les entregaron por escrito su pase de salida (como a militares), la "laguna" se desborda... o de plano el castigo no tiene justificación y choca de frente con la forma en que está redactado el ahora famoso reglamento que habla de sanciones cuando se violen las normas durante la concentración.

Así que el asunto ha generado polémica, porque nada ha quedado claro. Y esa ya es suficiente razón para dudar que esté bien hecho algo que a simple vista parece correcto.

E insisto, si público se hace un castigo, públicamente debe probarse que hay razones de peso para imponerlo. Y un reglamento, cualquiera que éste sea, en su apartado de responsabilidades debe prever por escrito toda clase de posibles sanciones para cada punto.

Pregunto a Néstor, ¿dónde están?

Hay quienes dicen que en lugar de fijarnos en lo que puede provocar esto al interior de la Selección, deberíamos aplaudir las sanciones a personajes públicos que, reconozco, se creen omnipotentes por su fama. No obstante, eso sólo sería responder a la ansiosa necesidad ciudadana de que, al menos en el deporte, exista la justicia que no encontramos en otros ámbitos sociales. Aunque esta justicia esté vilmente torcida entre intereses oscuros que nadie ha querido desenmascarar.

¿De qué hablo? Pues ya habrá tiempo de tocar ese punto que está más sucio que placa de tráiler. No soy hojaldra y le adelanto algo: se avecina una lucha de poder que afectará la estabilidad de la Selección y, desde luego, a su desempeño futbolístico, esto último, como dijo el "Tuca", debiera ser lo que más nos importe a todos.

Si hasta antes de este asunto, la batalla por el control del Tri era clandestina, ahora la guerra está abierta. Si no, ahí están las palabras de Márquez.

Una vez más, tomo una sabia y tal vez premonitoria frase del "Tuca": el hilo se rompe por lo más delgado.

Los jugadores lo saben... ¿lo sabes tú, Néstor?

Mal chiste. Casto y sobrio director de Selecciones Nacionales, gran orador en sus tiempos libres, busca jugadores para formar nuevo equipo tricolor que sea capaz de cruzar pantanos sin manchar sus alas, que sean patriotas y madrugadores.

Los interesados deberán cumplir a la perfección los siguientes requisitos:

Usar camisas y pantalones holgados, que no dejen ver músculos ni protuberancias.

Llegar rasurados y bien peinados (corte casquete, de preferencia).

Llevar consigo examen de alcoholemia (de preferencia ser abstemio y no beber, ni rompope), célibe (o en su defecto, mandilón), adicto a los videojuegos y a los libros de superación personal.

Novelas de Corín Tellado y películas como "American Pie", "Las Ficheras" o "Bellas de Noche" les serán prohibidas, para evitar las tentaciones.

Inútil presentarse si no traen consigo su carta de buena conducta y sus juegos de mesa para pasar los ratos de ocio (nada de póker, porque los juegos de apuestas son del Diablo).

Previa cita, deberán depositar fianza de 50 mil pesos, a nombre de los Hijos de Poeta del Balón Azteca, por si las moscas... o los fisgones.

Nota: Al término de entrenamientos, partidos y concentraciones se bañarán con agua helada y usarán cinturón de castidad, como último recurso.

¿Quién le entra?

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