Opinión / Columna
Round 13 
Ernesto Castellanos 
Lo de Viloria fue una masacre
ESTO
27 de enero de 2010

  Mas de una vez hemos dicho en estas páginas, que el departamento médico de la Comisión de Boxeo del DF tiene un gran mérito, ya que gracias a sus medidas preventivas, en la capital azteca no se mueren fácilmente los peleadores.

De 1953 y hasta 2008, solamente se registraron dos decesos por combates sostenidos en el perímetro capitalino: en el primer año mencionado Chucho Morales, fallecido tras pelear con Roy Hernández, y el año antepasado Daniel Aguillón, ante los puños de Alejandro Sanabria. Lástima que en otras partes de México y del mundo, la vida de los boxeadores les importe muy poco.

El pasado fin de semana vimos por televisión la contienda que el colombiano Carlos Tamara le ganó por nocaut técnico en doce asaltos al hawaiano Brian Viloria, para arrebatarle el cetro mundial minimosca de la FIB en Manila.

Esta pelea fue una prueba más del porqué los boxeadores se mueren en otros lados. Tamara le dio una feroz golpiza a Viloria, que ameritaba que detuvieran la de-sigual contienda unos tres rounds antes. Sin embargo, dejaron ir el pleito hasta el último asalto. Desde el episodio once Viloria recibía un cruel castigo, indefenso, caminando como borracho, mientras los puños de Tamara le retumbaban el cerebro. El réferi Bruce McTavish, en actitud criminal, no paraba la batalla, y cuando lo hizo ya se había tardado demasiado.

Fue criminal la actitud del árbitro, pero también la del médico de ring, del comisionado en turno, y la esquina de Viloria. Presenciaban su sacrificio sin siquiera pestañear. Qué escalofriante.

Asi vimos sacrificar al "Matador" Chávez en Las Vegas a Lea Vander Johnson, y a muchos más. Hemos visto tremendas palizas, ante la pasividad de réferis y comisionados ineptos y criminales, lo mismo en el extranjero que en la provincia. Habilitan como réferis a tipos que no saben nada de boxeo, que están ahí sólo porque son cuates de los comisionados. Algo terrible.

Viloria se desmayó en el vestuario. Se temió algo más grave.

En muchas comisiones del extranjero y del interior del país, se toma a la ligera la seguridad del boxeador, la vida del pugilista les importa un bledo. La impreparación es general. Réferis, jueces, comisionados, están atentos a lo social, a la fotito, pero prepararse para dirigir una pelea, nada.

Y lo peor, es que esa tónica seguirá en el mundo del boxeo.
 
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