Opinión / Columna
ESTO...cadas 
Don Volapie 
18 de noviembre de 2009

  HASTA LA BOLA: La segunda corrida de la temporada la puso al rojo vivo el diestro de Badajoz, España, Miguel Ángel Perera con su valor sin límites, su disposición para triunfar, su vergüenza torera, su honradez y su profesionalismo, amén de su afición y su entusiasmo por estar en la cara de los toros. Además, puso el ejemplo para los toreros que se conforman con nada. Les hizo ver que todos los toros tienen faena sólo hay que buscarla y expresó que no debe haber pretexto en caso de que no se triunfe diciendo que el viento, la lluvia, no permitieron sobresalir y añadió que no hay nada imposible si no se le intenta y que no hay que ser conformista, pues hay que arriesgar para salir adelante. No hay que hacer ese mohín, encogiendo los hombros para decir que ese toro no sirve. El segundo toro de su lote, de bonita lámina, no correspondió al juego que desempeñó, que fue un manso al que protestaron airadamente para que lo devolvieran porque trataba de huir. Perera se le paró y lo fue sobando, consintiendo y lo metió en el engaño para sacarle los pases que se veía no tenía. Su primero como el de regalo también fueron complicados pero les arrancó las faenas, sobre todo el de regalo, al que le hizo una faena emotiva y variada que mantuvo el interés de los aficionados hasta que lo exterminó. Con esa actuación Perera se afianzó en el ánimo del público, quien ya desde la pasada temporada lo había observado con buena óptica cuando le cortó las orejas y rabo a un toro de Barralva. Por su parte José Mauricio no tuvo la proyección que en otras tardes; como que se le vio fuera de sitio y de afición, así como que se destempló. Fue una faena de altibajos la que realizó con más bajos que altos y de ahí que le hubieran protestado la oreja. No hubo consistencia en su labor, porque en honor a la verdad tuvo muy buenos momentos, pero como estaba pendiente de la reacción del toro que en tres ocasiones lo sintió. Y terminó toreando por la cara. Se tiró a matar con ganas y se escuchó cómo la espada abría las carnes a la res. El otro, aplomado y con la embestida descompuesta fue pitado. A Fernando Ochoa le tocaron los dos mejores toros, sobre todo el primero que mereció los honores de arrastre lento. Ochoa logró muletazos por ambos lados, pero les faltó temple y mando. Había que torearlos y no lo hizo.

Lo que dijo Perera es muy cierto, hay que intentarlo todo para que no haya pretexto y justificar el no triunfar. Sobre todo no hay que conformarse y no hay imposibles en cualquier actividad. Lo tomaremos muy en cuenta para no pinchar en las próximas ESTO... cadas .
 
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