Legión Azteca
17 de noviembre de 2009
Si muero lejos de ti...
México lindo y querido...
Fernando Schwartz

Aquella histórica canción-himno del mexicano que va al exterior, tristemente hoy se convierte en realidad para Antonio de Nigris Guajardo.

Tenía 31 años, trotamundos incansable del futbol, y que aún hace tres semanas, en su última manifestación pública, soñaba con que Aguirre le diera la oportunidad en el Tri.

"Tano" nació y murió con ángel. Nació con ese don de ganarse a la gente con su sencillez y bonhomía.

En sus albores en Monterrey, despertó la ilusión de un país como un goleador sin igual en el futbol mexicano, pero este espejismo que lo acompañó a lo largo de su carrera, se apagó a su paso por el América, y de ahí comenzó todo un mundo de vueltas, idas y salidas, que lo llevaron de la mano de Benito Floro a Villarreal, para después experimentar hasta en el futbol de China, lo que casi nadie recuerda en su hoja curricular.

Pero hoy todo pasa a segundo término. La familia De Nigris no sabía que Toño tenía alguna afección cardiaca. La autopsia, en primera instancia, ya reveló una patología de crecimiento inusual de corazón.

Los médicos en Turquía hablan, y me pregunto ¿por qué hasta ahora y no lo notificaron antes?

Ese afán protagónico siempre aparece en estas tragedias. También sé que Toño se autopresionaba cuando las cosas no se le daban en la cancha, y andaba inquieto por no haber conseguido marcar gol con el Larisa de Grecia, equipo al cual hubo de marchar después del poco apoyo, que a pesar de sus goles, encontró en su última etapa por el futbol turco.

Fue en el 2001, en el Centro de Alto Rendimiento, durante su primera convocatoria al Tri, cuando platiqué por vez primera con él. Recuerdo con claridad que hablamos de que era centro de atención, y más como goleador, debería tener los pies bien puestos en la tierra, para marchar paso a paso y llegar a triunfar.

Con esa sonrisa característica que le acompañaba, me dijo: "Claro buey. Cómo crees que me voy a volar, si esto apenas comienza".

Después de años sin contacto, nos volvimos a encontrar telefónicamente cuando triunfaba en Turquía y me dijo: "Oye buey, aunque no sea para entrevista, habla para saludar, no te pierdas".

Ese era Toño de Nigris, el cuate que le gustaba sentirse arropado en su camino de trotamundos, pero siempre al pendiente de México.

La última vez que nos vimos, fue cuando Hugo Sánchez lo convocó para enfrentar a Estados Unidos en el Reliant de Houston, partido donde comenzó de titular en febrero del 2008.

Lo vi cuando bajó un día antes al entrenamiento, en compañía del "Bofo". Estuvimos bromeando y recordando la cita de siete años atrás. Después en el partido, jaloneándolo del brazo, lo detuve para la entrevista del mediodía.

Esa fue, lo que nunca pensé, la última vez que nos vimos físicamente.

Después vinieron algunas entrevistas telefónicas. La última, cuando las cosas ya no marchaban en Turquía, pero el "Tano" prometía no bajar los brazos, y menos con el apoyo de su inseparable Sonia y su pequeña Miranda.

Nadie tiene la vida comprada, y así como Jarque y Puerta murieron del corazón en España; así como el camerunés De Foe y el húngaros Fehér fallecieron en la cancha, todos a temprana edad, ahora el destino sorprendió en la lejana Grecia a Antonio de Nigris.

Mis respetos para su mama Leticia. Para su padre, para sus hermanos y para el futbol, que ve decir adiós de este mundo a un emprendedor del deporte y a un extraordinario hijo de familia, que como su mami me dijo al darle el pésame telefónico: "Todos estamos entre que pensamos que es un sueño y no es verdad".

México lindo y querido

si muero lejos de ti...

que digan que estoy dormido

y que me traigan aquí.