Opinión / Columna
Minuto 45 
Teodoro Cano 
31 de octubre de 2009

  Tal y como se esperaba, la Selección Mexicana Sub-17 avanzó, aunque no fue fácil superar al equipo de Japón.

En esta oportunidad, el gran héroe fue el arquero José Antonio Rodríguez, que estuvo enorme bajo la cortina de su portería y no dejó pasar ni el aire, con atajadas en momentos sensacionales, que contribuyeron a que el equipo conquistara un triunfo de oro por 2-0, que le permite calificar a octavos de final, en espera de su rival -que bien pueden ser Uruguay o Italia- en el Mundial de Futbol Sub-17.

El portero Rodríguez, que inició como villano al anotar en su portería en forma increíble, permitiendo que Suiza se proyectara, al grado de convertirse en la sorpresa del torneo, con dos triunfos más -sobre Japón y Brasil-.

Por su parte, los japoneses han quedado eliminados, en tanto que los brasileños esperan poder ocupar un sitio entre los mejores terceros lugares, para seguir en la lucha por el título juvenil.

Pero volviendo a la Selección Mexicana, la verdad es que los jóvenes dirigidos por José Luis González China nos hicieron sufrir, pero apoyados por la gran actuación de su portero, tuvieron el acierto de sacar el triunfo en el momento en que más presionaba Japón en busca del gol.

De hecho, y se lo habíamos adelantado, a partir del silbatazo inicial, los nipones se lanzaron con todo en busca del gol. En los primeros 45 minutos hay que destacar al jugador número siete, Takashi Usami, quien se convirtió en el principal artillero; sus bombazos, aunque tuvieron todos etiqueta de gol, siempre se encontraron con la muralla llamada José Antonio Rodríguez.

Por otra parte, la defensiva del equipo mexicano se tuvo que emplear a fondo para contener a los japoneses, que tenían descuidos en su defensiva, pero que no eran aprovechados por los mexicanos, como en aquella jugada de Mañon, que a los 36 minutos del partido,-al querer rematar de zurda frente al marco- rebanó el esférico; posteriormente, Carlos Campos llegó con ventaja por la izquierda, y aunque tiró con violencia, el balón fue a dar a las manos del portero.

Sin embargo, la tempestad se vino encima de la portería mexicana al arrancar el segundo tiempo, cuando un disparo de Shibasaki dentro del área, fue rechazado por Rodríguez, gracias a unos reflejos felinos; a los seis minutos, otro cañonazo de Usami, y gran desviada del portero mexicano que hizo que el balón se estrellara en el larguero.

El bombardeo continuó a los nueve, con un impresionante doble rechace del mexicano, primero en un disparo a quemarropa de Usami, en el que el balón cayó a los pies de Sugimoto, quien cañoneó a placer.

Usted pensará que no había defensa, pero lo cierto es que fue un inicio de segundo tiempo, de esos no aptos para cardiacos.

Gracias a la gran actuación del arquero mexicano para mantener el 0-0, por fin llegó una buena para México al minuto 19, en un servicio de César Treviño para Carlos Campos, quien desde fuera del área bombeo el esférico sobre el portero, para conseguir un golazo que le vino a dar respiro a los mexicanos.

No obstante, Usami no descansó en buscar su gol, y a los 27' aprovecho un balón filtrado, que el portero tocó al salir, pero gracias a que la fortuna estaba con México, se fue desviada ligeramente por la derecha.

A los 33 minutos llegó por fin la calma, al caer el segundo gol de México, en un centro de Carlos Campos que alcanzó a peinar de cabeza Carlos Parra, para aprovechar que el portero estaba adelantado y hacer que el balón se fuera al fondo de las redes.

Japón nunca bajó los brazos y continuó en la búsqueda del gol, pero ya no con la frecuencia ni con la claridad con la que habían llegado frente al arco mexicano, y aunque la mayoría de esas jugadas fueron con etiqueta de gol, no hay la menor duda de que José Antonio Rodríguez fue un gigante en la portería.

Otra cosa de la que no hay duda, es que de la fortaleza del arquero partió la fuerza que tuvo el equipo mexicano para conseguir ese triunfo, que lo tiene ya en octavos de final, pero con la mente muy bien puesta para mejorar su accionar en los siguientes partidos, tal y como lo hizo frente a Brasil, con un cuadro bajo disciplinado, con mucho orden para que los volantes no pierdan tantos balones como sucedió ayer, y para que los delanteros estén más certeros en el último toque ante la portería enemiga.

González China sabe dónde tendrá que trabajar y realizar sus ajustes, para conseguir un triunfo que los lleve a cuartos de final, sin importar si el rival es Uruguay o Italia.
 
Columnas anteriores
Cartones
Columnas