Opinión / Columna
ESTO y algo más... 
Pedro Peñaloza 
23 de octubre de 2009

  "¿Puede haber cosa más absurda que amontonar mayor número de provisiones a medida que se acorta el camino?"

Cicerón

VERGARA Y SU TACAÑERÍA MORTAL

LA lamentable tragedia, en donde falleció el médico Ricardo Herrera, asignado al equipo sub 17 de las Chivas, no puede sólo atribuirse a una falla humana; hacerlo, sería simplista y superficial. Hay un muerto y algunos heridos; no puede pasar desapercibido este cuadro triste y cruel.

Pongamos las cosas en su dimensión: el trato que se les da a los jóvenes de las fuerzas básicas de la mayoría de los equipos de Primera División, es humillante y peligroso. Lo sucedido con los muchachos de Guadalajara, tiene explicaciones de carácter estructural. La inversión que se destina a la formación integral de los jóvenes de los equipos inferiores, es pírrica, frente a lo que se canaliza en otras latitudes.

El panorama es desolador, los entrenadores que se encargan de los equipos menores son mal pagados, carecen de una formación integral, están disociados de lo que se hace en el primer equipo y además son despreciados por los directivos del club; poquísimos directivos se presentan a los juegos de estos equipos. Se les ve por encima del hombro.

Y esto no es casualidad, la cultura dominante dicta la lógica del menor esfuerzo. Los directivos, los dueños y los promotores viven de un negocio redondo: efectuar transacciones de jugadores extranjeros y de jugadores consolidados. Los jugadores de mediano reconocimiento a veces son materia de alguna puja económica, aunque esto no suceda constantemente. Por lo tanto, invertir en niños y jóvenes resulta poco atractivo. Así que, frente a la obligación "formal" de tener equipos en fuerzas básicas, los clubes les dedican migajas.

Ahí está una explicación al terrible accidente de la sub 17 de las Chivas. Si hacemos una bitácora de las "prerrogativas" que tienen todos los chamacos de esas divisiones, redescubriremos la brutal desigualdad que viven: camiones de dudosa calidad, alimentos -cuando viajan- sin ninguna consistencia alimenticia, lugares de hospedaje, en pésimos hoteles, e incluso dormir en los autobuses, etcétera.

Es patético que Vergara, que se ostenta como el gran "impulsor de jugadores jóvenes", trate a los muchachos con semejantes humillaciones, y no se trata de reproducir la vieja demagogia que se sustenta en que "para triunfar hay que sufrir", frase más propia de los libritos de motivación de utilería, que de garantizar las mejores condiciones para el crecimiento personal y deportivo de los jugadores.

¿Cuánto conviven los chamacos que viajan para jugar en el preliminar o en el postestelar con el primer equipo? Nada, si los ven, lo hacen de lejos. Si realmente se quiere motivar y construir un sentido de pertenencia y fortalecer la cohesión en el conjunto del club, los chavos deberían viajar con los jugadores de Primera División.

¡Claro! Vergara y sus cuentachiles dirán que es "muy caro" realizar esta imprescindible convivencia; por supuesto, para quienes ignoran las categorías que fortalecen el espíritu de competencia y de la conciencia colectiva, esto es impensable. Ahora, Vergara y sus empleados, Flores y demás, sólo pueden ofrecer rostros compungidos a los familiares de los lastimados. Cínicos.

Algo más.- El llamado Clásico, América-Chivas, nunca como ahora se convirtió en un espectáculo comercial. Uno de los conventos televisivos sacó la calculadora para llenarse los bolsillos de dinero. Hasta lentes tridimensionales están a la venta. Quitemos la maleza de la enajenación y ojalá que haya un buen partido.

pedropenaloza@yahoo.com
 
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