Opinión / Columna
Notas taurinas 
Francisco Lazo 
20 de octubre de 2009

  AMIGOS, el 18 de octubre pero del año 1931 murió en España el torero mexicano Armando Pérez Gutiérrez, mejor conocido en el mundo de los toros como Carmelo Pérez, distinguido entre los valientes de los ruedos por su temeridad y hermano de Silverio Pérez, gran figura del toreo mexicano y quien falleciera el 2 de septiembre del 2006, torero todo arte y emoción en la fiesta brava. De Carmelo se hicieron recuerdos con motivo de su 78 aniversario luctuoso el pasado domingo, trayendo del ayer pasajes de su vida en los ruedos y se hizo famosa la frase de que era un torero "que espantaba por su valor sin freno" y de Silverio, su hermano menor, fue y es reconocido como el diestro que más vibración llevó a la fiesta. Eran dos polos opuestos artísticamente pero muy parecidos por las fuertes impresiones que causaban con sus maneras de desempeñarse frente al enemigo, siempre muy cerca pero distintos en la forma de torear: Carmelo arrimándose al filo de la tragedia abriendo nuevos cauces a la lidia con la audacia, arrojo, como motivo principal en la emoción del toreo, tanto así que se le auguraba una muerte entre los pitones del toro lo que prácticamente sucedió casi dos años después de la terrible cornada que le infiriera "Michín" de San Diego de los Padres en la plaza El Toreo de la Colonia Condesa. Y Silverio también decidido y quien confesaba tener miedo, en la arena demostró tantas veces lo contrario al andarle al toro al borde del peligro. Y se hicieron consideraciones para compararles cuando ya no era posible enfrentarlos. Carmelo no pareció pensar nunca en su muerte por las astas de un toro y luchó tenazmente cada vez más cerca del riesgo que le producía su pasión, al sentir una emoción intensa que proyectó a los públicos que se estremecieron por su osadía. Y Silverio hizo recordar a su hermano Carmelo al acortar tanto las distancias para iluminar su arte como sucedió la tarde del 31 de enero de 1943 cuando enfrentó a "Tanguito", quinto de la lidia ordinaria procedente de la ganadería debutante de Pastejé en la plaza El Toreo de la Condesa. Comenzó dubitativo su trasteo pero se rehizo para construir una de las faenas más hermosa que se recuerden del toreo mexicano y seguramente también universal, ajustándose y corriéndole la mano al astado que además de bravo tenía calidad, convirtiendo el escenario en un manicomio de entusiasmo. Lo mató de una soberbia estocada entrando por derecho para que le dieran una oreja y el rabo, que por entonces eran los máximos trofeos y dio ocho vueltas al ruedo, una de ellas acompañado por el ganadero D. Eduardo N. Iturbide. Cuando Silverio recordaba aquella tarde se le iluminaba el rostro y solía decir que no era partidario de señalar cual fue su mejor faena pero que sin duda alguna toreó a placer a "Tanguito". Y tres años después torería extraordinariamente a "Rebocero" de La Punta en Irapuato, Guanajuato, al que le cortó orejas, rabo y pata luego de haber estructurado una obra sensacional y ejecutar un volapié fulminante. Recordar es vivir.

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