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Opinión / Columna
"Cuando la ingratitud eriza de púas el dardo de la injuria, la herida es doblemente peligrosa" R. B. Sheridan ¿SOMOS SEGUNDONES? EL débil equipo de Trinidad y Tobago empató con el "poderoso" equipo mexicano. Sí, un plantel integrado por jugadores que ganan mucho dinero, viajó al pequeño país, donde el deporte nacional es el críquet, y pese a las declaraciones de Javier Aguirre -de que no iban de paseo- el equipo azteca no mostró una superioridad abismal frente al equipo local. No es la primera vez que sucede esta estratificación en la región. Sin embargo, hay quienes por conveniencia o ignorancia, o por las dos cosas, siguen diciendo que México es el rey de la Concacaf. Estados Unidos nos ha dado, reiteradamente, lecciones de organización y disciplina. La más reciente fue su gran papel en la Copa Confederaciones, donde disputaron la final con Brasil. Y no es gratuito, la conducción del futbol profesional en México está en manos de una elite de parásitos e ignorantes; su objetivo único es acumular poder y garantizar que sus jefes, los dueños del balón, aumenten los ceros de sus chequeras, lo cual por cierto, no es necesariamente negativo, sino que al convertirlo en el único propósito de la burocracia de la FMF, se distorsiona el carácter social que debería tener un deporte de masas y popular. El futbol profesional lo es, porque obtiene dividendos y requiere pagar a quienes viven de él; eso no está a discusión, pero la avaricia y la estrechés de miras de la minoría que dirige y coordina al futbol profesional, lo ha convertido en una orgía de grupos, que sólo estiran la mano a la hora de las ganancias. Véase a Lebrija en su papel de delegado de Vergara. Por eso sí somos segundones. Podemos presumir al equipo mexicano, hasta puede ganar y hasta puede jugar bien, pero desde el punto de vista profesional y de planificación organizacional, vinculado a las comunidades y a los barrios, que es de donde se nutren y emergen los aficionados, no existe la menor idea. Nuestro futbol transcurre entre la frivolidad y la diversión catártica del pueblo. No más. EL CASO DE MARIO CARRILLO El auxiliar principal de Aguirre, el filosofo Carrillo, ha sido tratado de manera injusta y hasta irrespetuosa. Primero, un diario de colores estrambóticos y de encabezados efectistas, lo ignoró desde su nombramiento, le tiró puyas marginales e incluso trató de meter cizaña en torno al diseño de las alineaciones del equipo mexicano; después no le quedó más remedio que admitir su papel clave en el funcionamiento del equipo; otros, cómicos de la televisión, le subrayaban su apelativo de "Capello" y hacían sorna de su estilo peculiar de hacer señas o de pararse en la línea de las bancas. Ahora que todo es jolgorio y fiesta, los mismos detractores ya reconocen su labor callada y sistemática en el curso que tomó el equipo mexicano. Sería bueno saber la opinión del magnate promotor, que dicen, habita en Miami, y que amenazó a Mario de que "no volvería a dirigir en México". Es más, en estos tiempos de simulaciones y de doble moral, hasta el inefable Manuel Lapuente -el mismo que le hizo la vida imposible en el América y que no toleró el éxito de Carrillo- emite loas a este ex olímpico mexicano. Ver para creer. Algo más.- El prefecto Néstor de la Torre, representante del código moral en las selecciones mexicanas, ya señaló con su dedo flamígero el "delito", que cometió el jovencito Martín Galván, quien fue dado de baja de la Sub-17: "Metió a una mujer a su cuarto". Hay que castigar duramente a este muchacho de 16 años, no a Medina y Bravo, y otros, que se vieron involucrados en similares circunstancias en Chivas, cuando Néstor trabaja de empleado de Vergara; menos a Oswaldo Sánchez, a quien se le acusó de algo parecido. La cara dura de Néstor se exhibe palmariamente, cuando hace mutis a lo dicho por Javier Aguirre, quien ensalza al "ídolo" Cuauhtémoc Blanco, y lo "pedote" lo convierte en una virtud. Hipócritas. pedropenaloza@yahoo.com |
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