Opinión / Columna
Notas taurinas 
Francisco Lazo 
13 de octubre de 2009

  AMIGOS, ayer lunes ESTO publicó un reportaje del joven matador de toros Antonio García "El Chihuahua", a un año de su alternativa, donde abordaba las diferentes suertes del toreo y en particular las maneras que hay de banderillear en México, y poniendo especial atención en los cuarteos para colgar los garapullos. Y cita como uno de los pares tradicionales y seguramente el más lucido, al cuarteo, esto es cuando el diestro hace el viaje a la carrera en trayectoria curva para llegar a la cara del toro, momento culminante del lance en el que el torero levanta los brazos y pega un salto antes de la reunión en la que clava las banderillas en lo alto del morrillo y con el tiempo apenas suficiente para salir airoso del encuentro. De esta suerte temeraria, tradicional y base, se derivan otras muchas que han sido famosas por la audacia que se requiere para ejercitarlas. Precisamente por estas formas de clavar los también llamados garapullos se ha dividido en dos características que le han dado nacionalidad a cada una de ellas, a "La Mexicana" y a "La Española". Toreros de uno y otro lado del mar suelen practicar ambas, pero sobre todo la de su toreo nativo: los mexicanos llegan a la cara del toro con los brazos abiertos y las manos armadas y clavan saliendo apenas con instantes suficientes para escapar de la cornada, en tanto que los españoles llegan al terreno del enemigo con las manos juntas y así las levantan para clavar. Ambos estilos tienen sus dificultades, habilidades y agregados que las hacen espectaculares y de impacto para la concurrencia en el segundo tercio de la lidia, y queda debidamente identificado uno y otro. Y no se puede pasar por alto que se ha exagerado en esos adornos más dedicados al público mayoritario que a la necesidad y efectividad técnica de utilizarlos. México ha tenido distinguidos banderilleros en su historia taurina; el primero de ellos, Ponciano Díaz, quien banderilleó montando a caballo para burlar la acometividad del toro y también fue a España, donde llamó la atención por sus maneras de torear a pie vistiendo de luces en Madrid y a caballo vestido de charro en Sevilla y otras plazas. Igualmente actuó en los Estados Unidos, donde causó impacto por su variedad y destreza al montar y colocar los palos, pues antes que nada era charro y dominaba todas las suertes, enriqueciendo el reparto artístico del rejoneo. Allá en los años de la Época de Oro del Toreo Mexicano, en la primera mitad del siglo pasado, otros toreros ejercitaron las suertes de banderillas brillantemente a pie, como lo hizo mejor que nadie el maestro saltillense Fermín Espinosa Saucedo "Armillita Chico". Por lo pronto ahí está enfrente la Temporada Grande en la Monumental Plaza México, donde veremos a buen número de coletas nacionales y extranjeros poner banderillas a pie y a caballo, como el navarro Pablo Hermoso de Mendoza. No hay qué olvidar que la fiesta de toros se inició toreando a caballo para bajarse después y escribir la crónica más gallarda del magnífico espectáculo.

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